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Bioserie “Jose José, el principe de la canción”, ¿La nave del naufragio?

Telemundo debe agradecer a la crisis de la telenovela mexicana. La aprobación de una producción como JOSÉ JOSÉ, EL PRÍNCIPE DE LA CANCIÓN no se explicaría en un entorno boyante y de exigencia de alta factura. La “serie” es un barco vendido como buque que pretende cruzar océanos sosteniéndose de palos de triplay amarrados con estambre y forrado de placas de aserrín comprimido. No es augurio sino previsión el resultado.

Aquí puedes ver el promo de la bioserie

Es preciso explicar al lector que si bien Telemundo es una televisora estadounidense, producciones como éstas las factura en México para su pantalla primaria en el vecino país. Tal es el caso de títulos como El Señor de los cielos con la productora Argos o ésta, una realización de Estudios Teleméxico, filial de los colombianos de Fox-Telecolombia. Es un asunto de costos y geopolítica del mercado.

Lo anterior sólo se quedaría en un contexto comercial si no fuera por lo que se  puede leer de la recurrencia en la calidad de factura que ofrece esta producción “prime”. Precisamente va en dirección contraria de varios de los puntos propuestos por El Antimanual de la Telenovela recién publicado por este autor en este medio.

Adviértase que Telemundo es el brazo latino de NBC Universal que, a su vez, es una firma perteneciente al gigante multinacional de medios Comcast. La misma compañía que para su frecuencia abierta del mercado anglosajón produce series multipremiadas como The West Wing, The Office o 30 Rock, le receta a su pantalla en abierto del mercado latino títulos (omito adjetivos) como El Chema o como la referida. El menosprecio político no se queda en la Casa Blanca, traspasa a la televisión de maneras subrepticias.

La nave del naufragio

Tras lo anterior expuesto, o en Telemundo no distinguen la diferencia entre una telenovela y una serie o nos quieren vender gato por liebre. Porque lo que se termina viendo en pantalla apuesta más a un dramático vespertino que a una “serie prime”.

¿Dónde están los valores de producción y la dramaturgia contemporánea de una serie? ¿En las pelucas de fantasía con las que sin remedio disfrazan, no caracterizan, a los actores o en la indistinguible época del contexto dramático que se supone refieren?

¿Acaso la ubicamos en una narrativa plana, lineal y absolutamente predecible? Aquella que pretende emular en su objetivo dramático al modelo de la serie de Disney-BTF Media sobre Juan Gabriel pero invirtiendo los roles de la madre con el padre. La escritura pasa por alto increíblemente que esta historia, la vida de una de las máximas estrellas de la canción en español, es como la del Titanic: desde el punto cero todos sabemos en qué va a terminar, de manera que el cómo se desarrolla resulta fundamental para el éxito de la encomienda.

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La producción, y particularmente la dramaturgia, no hace acuse de recibo de la debacle en la ficción mexicana, que por ende han afectado los ratings de su rival Univisión. Telemundo desperdicia, una vez más, la oportunidad de darle la estocada al prime time de su otrora imbatible contraparte (aquella del inamovible 70% de rating) que gracias a la audacia, Telemundo contribuyó a pulverizar.

La producción de Estudios Teleméxico supone además, con ingenuidad, que el gancho de presentar la vida de un ícono como José José les puede soportar una realización deficiente durante decenas de capítulos. El comportamiento en pantalla, y le indiferencia de las audiencias, les volverá a mostrar lo que no entendieron con Guerra de ídolos.

Un personaje de la música sin música

Uno de los graves errores de la “serie” es que no atina a construir desde el protagonista un personaje. El tratamiento es superficial y no supera la recreación. En José Rómulo Sosa Ortiz y su alter ego José José, ambos no los de la vida real sino los de la interpretación de la ficción, estaba el germen de la “verdad” del personaje.

En cada uno de sus éxitos, vibra ese volcán que trasciende de su magistral interpretación de la legendaria canción del maestro Rafael Pérez Botija, uno de sus compositores de cabecera. Esto es clave para fidelizar a la audiencia tradicional y para enganchar a otras (más jóvenes) no familiarizadas con el personaje de la vida real. Esperamos ver en escena a un volcán latino que arrasa hasta con él mismo y nada de eso ocurre.

El didactismo y la insignificancia de los diálogos nos abren la pregunta de si sabían a quiénes se dirigían y la vinculación emocional de los nichos primarios de audiencia con la música de José José. Pudieron haber contado la historia de un hombre de talento inconmensurable que supera a la adversidad de sus propios fantasmas y hablarles a todos esos latinos que trabajan a lomo partido día a día dentro y fuera de Norteamérica, aderezados por una nostalgia por el pasado y la tierra mexicana.

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Un triste muy triste

La audiencia verá con asombro deslices de antología como playbacks más inverosímiles que los de un grupo de relleno de Siempre en Domingo maximizados por la Alta Definición, lo que no sólo distrae sino que saca de la convención. La pasión está ausente de uno de los más grandes baladistas de todos los tiempos.

En esta “lógica”, la música incidental suena a base de ocurrencias, y de gustos personales del musicalizador: del jazz pasamos a cuerdas, de ahí a teclas de melodrama sin ningún planteamiento lógico ni creativo. Paradójicamente la música de creación original es, por separado, lo más rescatable en este aspecto.

La decisión visual de adicionar fragmentos de época con filtros vintage, en lugar de restaurarlos para que ayudaran a situar dramáticamente la época y emularan la calidad visual de la imagen, sólo logra sobreexponer el look naif de la serie.

Aunado a lo ya referido no advertimos una dirección que auxilie a los actores a no recurrir a la parodia (sobre todo aquellos personajes de la farándula) y a otros, a dotarle de asidero y matiz emocional a sus personajes, salvo honrosas excepciones como Rosa María Bianchi, Damián Alcázar, Itatí Cantoral y María Fernanda Yepes que logran sobrevivir al catálogo de inconsistencias que presenta la serie en estos tres primeros episodios de avanzada en internet. O no son mexicanos o los directores no investigaron sobre la repercusión de cada personaje con sectores de la audiencia.

Por casualidad en mi labor para reseñar en TV & Show, después de José José, el príncipe de la canción me tocó visionar Dark, la serie de Netflix que sin la pirotecnia de Telemundo para la primera, ha levantado su propia ola en el internet. En una me sentí viajando en una tosca locomotora de vapor del siglo XIX y en la otra, en un tren bala que se desliza como en vías de imanes. De ese tamaño es el rezago creativo de nuestra industria.

Por Daniel Lares Muñoz (@dan_lares)

TV&SHOW / Rondero’s Medios

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