Javier Solís no deja el reinado

A medio siglo de su fallecimiento, con numerosas y encontradas versiones de sus causas, Gabriel Siria Levario, mejor conocido como Javier Solís, sigue intacto como El rey del bolero ranchero en la música mexicana.

Pero antes de cantar como nadie el bolero ranchero, Solís fue intérprete de tangos y fue hasta 1948 que cantó con los mariachis en Garibaldi. Avalado por el general Rafael Ávila Camacho fue contratado durante un año para actuar en Atlixco, Puebla a lo que siguió un promisorio contrato con Discos Columbia de México y la consiguiente fama en el cine con películas como El norteño, Tres balas perdidas, México de mi corazón y Juan Pistolas.

De la muerte de Javier Solís quizá la versión más confiable, por los antecedentes, fue la que relató su viuda Blanca Estela Solís al periodista y poeta español Gabriel Siria Levario: “Año y medio antes de su fallecimiento Javier ya manifestaba el padecimiento de la vesícula. Él tenía mucho miedo que su mal sólo tuviera remedio con una operación quirúrgica. Javier tenía terror al bisturí. Fue por eso que consultó a varios médicos y se sometió a rigurosas dietas. Él seguía con su trabajo normal, pero a finales de 1965 su mal se agravó.

“Recuerdo que estaba terminando la película Los tres mosqueteros de Dios y sufría tremendos dolores. Consultó a un médico de Puebla que le recomendó reposo absoluto y tomar un medicamento que él preparaba. Empezó a sentir mejoría, los cólicos desaparecieron y al orinar empezó a arrojar disueltos algunos cálculos. Para su desgracia comenzó a filmar Juan Pistolas. Esto lo obligó a cabalgar y hacer esfuerzos indebidos. Tuvo que levantar a un supuesto muerto en la película. Javier me contó que sintió que algo se le deslizaba dentro de su estómago. De inmediato le volvieron los dolores. Fue internado de emergencia el 12 de abril de 1966. Tras estar todo el día en el hospital llegó a la casa a las nueve de la noche. Estaba muy angustiado. Me mostró la radiografía donde se veía que los cálculos estaban ya fuera de la vesícula. El diagnóstico era operación urgente, sólo había que esperar a que desinflamara un poco. Me dijo: ‘A mí no me da miedo la muerte, sí me preocupan mis hijos’.

“A las dos horas sufrió un cólico espantoso. A la siete de la mañana del 13 de abril lo estaban operando de urgencia. A partir de la operación su recuperación fue muy variable. De repente amanecía bien a secas. Estuvo siempre con sondas. Se alimentaba mal. Había perdido el apetito. Falleció el marte 19 de abril a las cinco cuarenta y cinco de la mañana. Siete días en que no logró recuperarse. Decía que no veía nada. Días antes de morir le llevé a sus hijos Gabriel y Gabriela. Esa semana lo dieron de alta, quería ir a Acapulco a terminar de recuperarse. Javier se volvió a poner mal y regresó al hospital. Me encontré con Valentín Levario, quien me dijo: “Ya murió mi hijo”. El doctor Zuviría, quien estaba junto a Javier, me dijo: ‘Señora, con el corazón no contábamos’.

El diagnóstico médico: “Desfallecimiento cardíaco, desequilibro electrolítico (colecistectomía).

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De las canciones infaltables en voz de Javier Solís, se encuentran: Entrega total, Sombras nada más, Si Dios me quita la vida, Esta tristeza mía, Llorarás, llorarás, El loco, Esclavo y amo, Te amaré toda mi vida, Reconciliación y Te quiero dijiste.

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Rondero’s Medios / Por Roberto Rondero

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