Con Letra Grande

POR LOS CAMINOS DE CIEN AÑOS DE SOLEDAD

“Este es el libro que a mi hermano le hubiera gustado leer”, destacó Jaime García Márquez de “Por los caminos de Cien Años de Soledad” (Editorial Aguilar, 295 páginas), escrito por Satomo Tamura (Wakayama, 1947), una de las principales hispanistas japonesas, quien además de traducir al Nobel colombiano Gabriel García Márquez, ha hecho lo propio con autores de la talla de César Vallejo, Julio Cortázar, Jorge Luis Borges, Pablo Neruda y Nicanor Parra.

“Por los caminos de Cien Años de Soledad” emprende un recorrido literario y emocionante por los sitios –y también revovecos- que sirvieron como base creativa para la novela más celebrada de ‘Gabo’.

“MI ENCUENTRO…”

“Busco en el aparador del salón comedor de la casa de García Márquez en México y le pregunto a Teresa, la “muchacha” que desde hace más de treinta años tiene a su cargo la cocina, dónde está el plato que traje de Japón…”¿Y el tazón? A Mercedes, su esposa, le encantan las vajillas japonesas de cerámica y laca, y suele ponerlas a buen resguardo en el ropero de su dormitorio”, recuerda Tamura en su prólogo.

…”Cuando me encuentro ahí, preparando la comida, me suele sobrevenir un sentimiento extraño, y eso se debe a las circunstancias que han hecho que está en la casa de la familia García Márquez y actúe con la naturalidad que lo haría en mi propia casa”.

A lo largo de seis capítulos –“La península de la Guajira”, “Aracataca”, “Barranquilla”, “El río Magdalena”, “La Mojan”a y “Cartagena de Indias”- Satoko Tamura entreteje literatura y realidad acerca del Nobel colombiano, porque “las novelas y cuentos de García Márquez tienen por escenario la región caribeña colombiana que no es una isla físicamente. Es una comarca con identidad cultural totalmente distinta de la zona andina que tiene como centro la capital, Bogotá”.

“Podríamos –asevera Tamura- decir que la región caribeña es un mundo aislado y marginado en el extremo norte del continente sudamericano, cuyos habitantes nativos y de origen africano se encuentra todavía como encerados en una de las prisiones de la sociedad moderna.

“Siguiendo las huellas de García Márquez, he ido descubriendo el vasto Mar Caribe; un mar donde las comunicaciones quedaron en un tiempo interrumpidas con la llegada de los españoles. Como investigadora, desde la primera entrevista he puso siempre mi atención en sus escritos. Cuando Gabo y su esposa vinieron a Tokio en 1990, yo acababa de escribir mi tesis doctoral sobre una de las obras de Gabriela Mistral. En el cuarto del hotel en que se hospedaba le hablé de mi tesis y le dije que en adelante le quitaría la última “a” de Gabriela para enfocar mi estudio en Gabriel. Gabo y su esposa se rieron pensando que era una broma, pero yo lo decía muy en serio.

“Uno de los momentos más angustioso fue cuando Gabo tuvo que hospitalizarse para tratarse de un tumor linfático. Un tiempo atrás había superado un tumor pulmonar pero esta vez era algo tan serio que algunos elementos malintencionados divulgar por interna la falsa noticia de su fallecimiento. Esos momentos eran para mí tan doloroso que decliné el pedido de una revista para que escribiera sobre Gabo por considerar que no era el momento oportuno.

A lo largo del libro, Satoko Tamura se propone “echar una mirada retrospectiva al laberíntico discurrir de un cuarto de siglo, para relatar lo que he logrado comprender del mundo de Gabo”…

Por Roberto Rondero / Rondero’s Medios

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