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El antimanual de la telenovela mexicana

El año que recién concluyó (2017) sin duda no ha sido el mejor para las telenovelas de producción nacional. No lo fue en ratings, ni en publicidad o exportaciones, tampoco a nivel creativo y mucho menos en credibilidad. No obstante que la severa crisis de audiencia de la televisión abierta data del 2015 (con orígenes más remotos), aún no logra remontar. ¿Por qué? ¿Cuáles son las causas? Aquí en TV&SHOW aportamos algunas respuestas: Ratings HR Media

LOS NÚMEROS HABLAN: LOS RATINGS MÁS BAJOS DE LA HISTORIA DE LA TVMX.

La actual situación obliga a la industria de la televisión en el país a replantear (una vez más) los paradigmas de su modelo desde lo medular porque a juzgar por los resultados en antena de los proyectos a los que se les autorizó luz verde durante el año, se evidencia que se apuesta más por un continuismo gatopardista dirigido a una audiencia que si bien antes fue “masiva” ahora, cada vez con mayor notoriedad, sólo está representando uno (o algunos) de los segmentos del universo total.

Lo anterior va contracorriente de la tendencia de las televisiones en abierto de éxito a nivel mundial que, frente a la multiplicación de ofertas y plataformas, se consolidan como los primeros referentes del espectáculo aglutinador multitudinario, pero para ello han tenido que elevar la calidad. En México no se advierte en la ficción medidas que con contundencia atajen la crisis buscando recuperar audiencia perdida o atrayendo a nueva.

Los números, casos de la vida real

Aún no publica su Informe Anual del 2017 pero sabemos que para el 2016, Televisa había producido más de 90 mil horas de programación original para televisión abierta y de paga, una buena parte de ello telenovelas. En la venta neta de los segmentos, el 37 por ciento fue para contenido de los cuales 24 por ciento correspondió a publicidad y sólo el 9 para venta de programas y licencias. En el tercer trimestre del 2017 el contenido ingresó 8 mil 24 millones de pesos, 7.5 por ciento menos que el mismo período del año anterior.

Es decir, la empresa que desde 1930 con la XEW basó su poderío en la producción y distribución de contenido propio, hoy ello sólo le representa en números efectivos lo mismo que negocios periféricos como editorial, juegos y sorteos, futbol y radio, que en teoría debieran ser catalizados por la propia fuerza del contenido original de la empresa, principalmente la telenovela, el tradicional producto “estrella”.

Para 2010 la contribución de la televisión abierta representaba el 39 por ciento de las ventas del grupo; para el 2016, del 23.4 por ciento. Recuérdese que la telenovela corona su prime-time. Del Informe del 2010 se destaca: “Televisa produjo y transmitió las 10 telenovelas más vistas en México, incluyendo el episodio final de Hasta que el dinero nos separe, que alcanzó 28.4 puntos de rating”. Si bien son cifras de Ibope y los sistemas de medición se están modificando, vuélvase a ver las cifras de las telenovelas que actualmente están al aire (cuadro de arriba). Si las ficciones de San Angel continúan “liderando”, es gracias a la caballada flaca de TV Azteca e Imagen TV, no a su fortaleza.

Y si las exportaciones no se han desplomado se debe en buena parte al incremento gradual pactado por derechos de uso de programación (PLA) en 2010 con Univisión, la cadena hispana aliada en los Estados Unidos, la cual ha visto mermadas sus cuotas de audiencia, otrora imbatibles, gracias al nuevo contexto mediático.

Para no entrar en más detalle, revísese las parrillas programáticas de bastiones tradicionales de la telenovela mexicana en la exportación como América TV (Perú) o RCN (Colombia): de las producciones que están al aire, qué horarios tienen en pantalla actualmente y, siendo más escrupulosos, qué horarios ya NO están siendo ocupados por los títulos mexicanos y porqué. Ahí el detalle.

No tocamos las cifras de TV Azteca ya que además de no contar con ellas, luego del paro total en 2015 de su producción de ficción, es bien sabido que aún no remontan significativamente sus niveles de exportación bajo la nueva era iniciada a partir del referido año; en el caso de Imagen TV, es todavía muy temprano para saberlo, después de haber entrado al aire a finales del 2016 y, dado que sus resultados en pantalla tampoco han atraído a multitudes, no se hace necesario.

Reporte Trimestral del Instituto Federal de Telecomunicaciones:

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 EL VALOR CREATIVO: EL ORIGEN DE LA CRISIS

Siendo entusiastas, lo más promisorio que se vio en las pantallas durante 2017 fueron intentos timoratos de cambio como el de Caer en Tentación (Televisa). Con las limitantes de estar capados de origen para llegar a más debido a la recurrencia toral y sistemática de toda la industria de subestimar el valor creativo, partiendo de la dramaturgia.

Misma fórmula, mismos resultados

Los mexicanos no hemos comprendido que la ponderación por el valor creativo es más que una ocurrencia ideológica: es una estrategia práctica para obligar al modelo a empezar a oxigenarse desde el principio del eslabón de la cadena, la dramaturgia, para después permear en toda la cadena de producción. De lo contrario no habrá forma de que la ficción mexicana tenga posibilidad de remontar y abreviar el rezago.

Seguiremos viendo, en general, historias que no emocionan apuntaladas con conflictos enclenques, estructuras frágiles, maniqueísmo ramplón, diálogos intrascendentes, personajes predecibles, actuaciones baladís, producciones con escenografías de cartón que no alcanzan a distinguir entre disfraz y caracterización, pretensiones infumables (como pasar telenovelas por series) además de una revolución tecnológica que debido a lo anterior en lugar de enaltecer, sobreexpone las deficiencias, muchas veces con lamentable crudeza.

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La telenovela mexicana sin credibilidad

Hoy somos testigos de edificios dramatúrgicos, y por ende de producción, que al llegar a pantalla ya no resisten, digamos, un primer sismo, ni siquiera el primer ventarrón del exigente contexto actual de un televidente/usuario con múltiples opciones y referentes.

Producciones tristemente célebres como En tierras salvajes (Televisa) o La hija pródiga (TV Azteca) se aúpan como monumentos a lo cutre y referentes de aquello que los haters en internet aficionan conceptualizar como “parece como de telenovela”. ¿Dónde está el trabajo corporativo-ejecutivo para reconstruir la credibilidad del género y de la industria? Ello impacta también en la incursión de la serie. Sí, pagan justos por pecadores.

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Este contexto explica por qué producciones que se venden como promesa de “novedosas” como Caer en Tentación o Las Malcriadas, la primera un remake picante de Las Estrellas y la segunda, un “original” incoloro del otrora Azteca 13, no tenían desde el visionado del primer capítulo posibilidad de éxito contundente.

Y no es un asunto de “opinión” de este autor, verifíquese los datos duros de los ratings. La de Televisa ha estado al borde de caer en la tentación pero del sólo dígito y la de Azteca no ha aparecido en el top 5 de HR-Media ni por casualidad, ¡y hablamos de las estelares! Según el reporte del IFT, el horario de éstas representa el punto máximo de personas con el televisor encendido (29.7%), aunque es cierto que es también el más competido, lo evidente es que nada más no prenden las ficciones en ese horario desde hace mucho.

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Mismo caso con las pretensiones “modernizadoras” como Papá a toda madre o ¡Muy padres!, además de ser el colmo: mismo argumento en los mismos horarios de dos pantallas diferentes, son la demostración de que si el contexto no es propicio, cualquier buen argumento terminará por diluirse en nada, y en México nos exhibimos con estas producciones por partida doble: una no logra rebasar los 14 puntos y la otra ni sus luces.

Incluso dentro de las producciones más rescatables del año como Mi marido tiene familia, tampoco registraron niveles de audiencia como para sonar campanas de júbilo. Sin embargo, a éstas se les autoriza segunda temporada, verbigracia Rosario Tijeras. El contexto sí afecta el comportamiento en pantalla de las ficciones en lo particular.

Mucha tradición… ¿y la experiencia?

Lo curioso es que en los pisos ejecutivos de ninguna televisora no parece advertirse nada de ello. La de México, ante el nuevo panorama, pareciera más una industria incipiente como la de Ecuador que el de una anglosajona (vanguardia referencial) o acaso turca, sudcoreana e incluso una con el acabado de la brasileña.

El nuevo televidente, difícilmente advierte (notorio en blogs y redes) que la nuestra es una industria con una tradición de más de medio siglo produciendo ficción dramática audiovisual, sin considerar nuestro longevo antecedente cinematográfico. Este 2018 se cumplirán sesenta años de Senda Prohibida, la telenovela que inauguró formalmente el género en México, tal y como se le conoció y reprodujo alrededor del mundo.

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EL ANTIMANUAL DE LA TELENOVELA MEXICANA

Debido a todo lo anterior es que propongo esta serie de consideraciones que apuestan por condensar no como un canon en piedra pero sí como un referente, todo lo que no hace y debiera hacer la producción actual de la ficción dramática en México. Ojo, no sólo la telenovela. Está basado en el decálogo propuesto por este autor en la serie ¿Por qué la crisis de la telenovela mexicana?

Advierto que muchos de estos puntos, podrían parecer ante los ojos de algunos lectores una obviedad. Lo cierto es que en la práctica (pantalla) no se aplican realmente y son medidas que están funcionando en el panorama internacional, otras son producto de reflexiones de este autor como guionista y periodista.

1.- Respeta a la audiencia.

Los realizadores de las telenovelas de hoy tienden, consciente o inconscientemente, a tratar de discapacitada a su audiencia, algunos en realidad la menosprecian. Lo que además de anacrónico resulta en un probado grave error. Ya no se le habla a la “masa” sino a audiencias (en plural). La condición sociocultural no es pretexto. Una cosa es hacer diálogos sencillos (sin carecer de significado) frente a la complejidad que demanda el consumo de una historia para una OTT o canal Premium y otra, es un discurso degradante. Hagamos historias con diferentes niveles de lectura, porque la multiplataforma exige la relectura y la reescritura para una audiencia activa

2.- Sin historia, no hay historia.

La dramaturgia es el principio del eslabón de la cadena y su calidad es un valor que persiguen las audiencias de hoy. Es asimismo un catalizador creativo: representa el mapa y los planos de los que depende la construcción del futuro edificio, ¿qué tipo de edificaciones está dispuesta a levantar la industria mexicana? Del perfil, el talento y la capacidad de los escritores dependerá el nivel de las historias y será el punto de origen para reconstruir la credibilidad de la ficción dramática nacional. ¿Qué queremos ser: maquiladores o generadores de contenidos de valor?

3.- No abaratar, conciliar el valor creativo con los criterios de rentabilidad.

La mexicana fue una industria que encapsulada en una burbuja enmarcada dentro de un sistema monopólico, en la que se originó, dogmatizó su fórmula como imperecedera e inamovible. Gracias a Kodak y a Blockbuster, sabemos en qué deriva eso. A ello añádasele la incursión generacional de una tecnocracia que puso énfasis en lo administrativo y minimizó lo creativo, tratando a la telenovela como un negocio de baratilleros de plástico y no en uno inserto en una industria creativa. Hoy el mainstream mundial invierte más en las ficciones originales, porque también cuestan más. La clave conduce a CÓMO se invierte y que ello se refleje en la pantalla. Error sacrificar la calidad a costa de elevar la utilidad, lo estamos pagando muy caro.

4.- Apostar por la capacidad de los actores sobre su aspecto físico.

La ficción televisiva del concierto internacional de hoy ha escalado a alcances cinematográficos, el llamado séptimo arte. No sólo eso, establece parámetros paralelos cada vez más exigentes con trabajos sorprendentes. La telenovela, guste o no, tiene que responder a esos referentes, lo que implica no sólo confeccionar dramaturgias más audaces y complejas que demandan actores-intérpretes con amplio rango, preparación y talento.

Por ende, ya no aplica más aquellos productores que con toda soberbia (y desconocimiento) pretendieron que un apuntador y un sistema industrial (en apariencia infalible) podría hacer pasar a un modelo por actor sin preparación ni talento de por medio. Ante un viewer actual, éstos no trascienden de un primer episodio. En ello reside otra columna para reconstruir la credibilidad de la industria.

5.- Ponderar el valor creativo en todas las áreas de la producción.

Hoy vemos con crudeza cómo la falta de rigor en los diferentes departamentos de una producción, se hizo estándar dentro de la industria. Desde la dramaturgia y el talento artístico hasta cada una de las áreas que intervienen, requieren de privilegiar una exigencia creativa que haga de su proyecto (aún en un contexto industrial de producción) una experiencia única, irrepetible y con un sello distintivo no sólo para el mercado nacional sino para que pueda tener repercusión en el internacional frente a referentes de diversas facturas.

El know how de hoy más que saber operar una cámara (a la que ya todo mundo tiene acceso), implica qué se hace con ella.

6.- Evitar los lugares comunes.

La creación escénica audiovisual si bien tiene sus reglas en cada género, es también resultado de una evolución comunicativa de ida y vuelta. Los géneros no son piezas de museo. Tienen que influenciarse de todo y de todos y al mismo tiempo aportar una identidad. Ahí juegan un papel fundamental la libertad creativo-artística. La telenovela tiene un serio problema de credibilidad por la reiteración anacrónica y, a veces, absurda de sus propios cánones que en algún momento fueron inventiva de alguien en un contexto determinado. Atrevámonos a captar nuevas audiencias y reconciliar a las que se han ido. Si parece “como de telenovela”, hay que hacerlo diferente.

7.- “Describe tu aldea y serás universal”.

Un apotegma acuñado por el novelista ruso León Tolstoi. So pretexto de la exportación, a la telenovela no sólo se le edulcoró sino se le desmanteló de su mayor tesoro: su identidad latinoamericana y, particularmente, mexicana. Incluso una historia para el mercado hispano en Estados Unidos, tiene que tener rasgos de identidad.

Ha tenido que venir en 2017 Disney-Pixar para que a través de una bofetada tronada como Coco no sólo se nos recuerde todo lo que en México no estamos contando sobre nosotros mismos sino de la fuente vasta (y virgen) que tenemos alrededor para inspirar la nueva creación. Nuestros riquísimos microcosmos socio-culturales pueden tocar con éxito la inteligencia emocional de la audiencia nacional y empatizar con el macrocosmos de las audiencias del mundo. Adiós al paradigma snob.

8.- Representar con autenticidad a la audiencia del presente.

La telenovela es ante todo una experiencia emocional. El productor Miguel Sabido, uno de los impulsores del “entertainment education”, argüía que “es el mayor educador emocional de Latinoamérica”. Aunado a ello el melodrama, como género narrativo base (aunque ya no único), requiere de cercanía contextual para conectar.

Agreguemos además que sus conflictos parten de situaciones domésticas, y su formato de emisión le otorga una familiaridad inigualable. Por lo tanto, la telenovela tiene y debe abordar con autenticidad los avatares de la sociedad a la que sirve. Y no olvidemos otro factor, por su repercusión es una válvula de escape del sentir colectivo y de la interlocución de unos sectores con otros.

9.- Ser responsable de lo que se propone en pantalla.

Siendo un estudiante de preparatoria, este autor tuvo oportunidad de acudir a uno de los eventos organizados por Televisa denominados “Espacio”. Ahí pregunté en una sesión abierta a un célebre productor de telenovelas respecto a qué pensaba de las constantes opiniones que aseguraban que “sus telenovelas eran basura”. El personaje se acomodó ufano en su saco y sólo alcanzó a responder, “yo hago lo que el público pida y si no les gusta, que le cambien”.

Ahí hablaba en realidad la televisión monopólica que se sabía única e inamovible. En el contexto actual una postura así no sólo no aplica sino que resulta un despropósito. Un productor de una narco-novela que durante 80 episodios pondera como héroes a criminales, es, sin más, responsable de lo que pone en pantalla como referente social. ¿Qué televisión queremos? “¿Tienen el valor o les vale?

10.- Investigar y documentar con rigor el universo de la ficción.

Parece una obviedad pero es sorprendente cómo en telenovelas y ahora en bioseries hay una impresionante falta de verdad escénica, verosimilitud, plagada de pifias básicas respecto de los universos dramáticos que se presentan. Ello tiene que ver con el punto 5 aquí planteado, pero también con una constante falta de rigor que se evidencia en una deficiente ambientación, escenografía, vestuario, caló o jerga de lenguaje en el diálogo y de situaciones que sacan de la convención a la audiencia: no hay manera de producir ESPECTÁCULO. Sin más, escritores y producción, hay que hacer la tarea: investigar. De lo contrario, jamás sorprenderán, es seguro.

11.- Si vas a hacer un remake, no calques, aprópiatelo.

“Costureros”, es un término empleado en la industria mexicana para referir a aquellos escritores que parchan, empatan, adicionan retazos a una tela (historia) antes empleada para otra cosa y reutilizarla para hacerla pasar por algo novedoso. A esto se debe en parte, los lamentables remedos de historias que vemos en pantalla como el refrito del refrito o de  nuevas versiones de éxitos probados en el extranjero pero sin ninguna identidad y capadas de creación auténtica.

No estigmaticemos la adaptación, en todo caso, debiera generarse un contexto propicio (otra vez punto 5) que permita que cuando se recurra a ello, pueda crearse un título por lo menos interesante, propio y no las cosas fatuas e inconsistentes que vemos en pantalla.

12.- Que la tesis tenga el mismo peso que la antítesis.

Sí, guionistas, está en los manuales de Syd Field y Robert McKee. Resulta de una candidez asombrosa ver cómo en una producción como Papá a toda madre creen pasar por modernos al insertar una pareja “abiertamente” gay, cometiendo el error de darle el mismo tratamiento maniqueo de siempre con sólo invertir los roles. Si antes los vilipendiados y el objeto de escarnio eran minorías como los homosexuales, ahora éstos adoptan el rol de víctimas de folletín lacrimógeno y quienes se oponen a ellos, el papel de villanos, ¿así o más predecible?

El mundo actual exige una dramaturgia diferente, presentar matices, no blancos ni negro absolutos. Revísese tan sólo un melodrama eficaz como “Extraordinario” (Stephen Chbosky, 2017). Exponer las diferentes tonalidades no sólo enriquece el relato sino que aumenta el interés de la audiencia y por tanto, su atención, en un contexto mediático que la fragmenta.

13.- INNOVAR

Otro perogrullo que no apareció en ninguna producción del 2017 y por ende hay que evidenciarlo. Es curioso que no se permita ni gestione la inventiva creativa en una industria creativa. Confrontarnos con es dura realidad pudiera llevarnos a una conciencia activa para actuar en consecuencia.

La innovación no debe ser una palabra adicionada en un discurso políticamente correcto dentro de la industria. Debe ser una práctica común, oxígeno vital para la superación y certidumbre comercial de la misma. Hoy se atiende en lo tecnológico, que es un activo que se compra, ¿se puede decir lo mismo del valor y talento creativo? Hoy la innovación debe empezar por lo creativo para que todo lo demás, lo administrativo e incluso lo tecnológico, pueda responder y armonizar con ello.

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EN RESUMEN:

  1. Respetar a la audiencia por sobre todas las cosas.
  1. Sin historia, no hay historia.
  1. No abaratar, conciliar el valor creativo con los criterios de rentabilidad.
  1. Apostar por la capacidad de los actores sobre su aspecto físico.
  1. Ponderar el valor creativo en todas las áreas de la producción.
  1. Evitar los lugares comunes.
  1. “Describe tu aldea y serás universal”.
  1. Representar con autenticidad a la audiencia del presente.
  1. Ser responsable de lo que se propone en pantalla.
  1. Investigar y documentar con rigor el universo de tu ficción.
  1. Si vas a hacer un remake, no calques, aprópiatelo.
  1. Que la tesis tenga el mismo peso que la antítesis.

Rescato una declaración reciente a Radio Times de la célebre actriz Jodie Foster, que ha incursionado en la dirección, donde denuncia a los blockbusters chatarra: “Los Estudios que producen mal contenido para contentar a las masas y a los accionistas, son como el fracking: obtienes el mejor rendimiento ahora, pero en el proceso arruinas la tierra”. Hoy en México ya padecemos los estragos de un fracking que ha dejado tierras muy áridas y, en algunos casos, radioactivas.

La buena noticia es que en el caso en cuestión, es reversible si se deciden a emprender cambios de fondo y no sólo atienden a la forma. Es posible remontar. Este trabajo es sólo una muestra que pretende animar a ello pero tenemos que procurar, abonar y arar mucho la tierra. El asunto es que el tiempo corre y el mundo sigue avanzando.

Por Daniel Lares Muñoz (@dan_lares)

TV&SHOW / Rondero’s Medios

 

1 Comentario en El antimanual de la telenovela mexicana

  1. GILBERTO VELARDE OSUNA // 8 enero, 2018 en 1:20 pm // Responder

    Buenos comentarios, Daniel!
    Con valor los expones y espero que sean aceptados también con valor por los responsables de decisiones.

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