“Las ideas vienen de la manera más inesperada, sólo mantén los ojos abiertos”: David Lynch

HOLLYWOOD.- Lo llamaron el último hombre del Renacimiento, el auténtico surrealista americano, y el director más misterioso de Hollywood. De hecho, ninguna definición se ajusta plenamente al personaje y el talento de DAVID KEITH LYNCH, originario de Missoula, Montan, quien cumple este miércoles 20 de enero día 75 años.

A los 20 años, Lynch se mudó a Filadelfia para asistir a la academia de Bellas Artes. La pintura ha sido su pasión, durante la escuela secundaria aprendió a dibujar en la Escuela Corcoran en Washington, y considera a Francis Bacon “un héroe, el artista moderno más grande”.

En Filadelfia se apasionó por la imagen en movimiento y como un ensayo de fin de curso presenta el cortometraje Six Figures Getting Sick. “Fue sólo una de mis pinturas. Había una figura ocupando el centro del lienzo. Mientras miraba la figura de la imagen sentí un ligero cambio en el aire y atrapé un pequeño movimiento. Y quería que la imagen realmente pudiera moverse, al menos por un tiempo”.

A partir de aquí comienza para él una aventura todavía envuelta en misterio: aterrizó en Los Ángeles, en 1971, utiliza una beca del American Film Institute para comenzar a filmar su primer largometraje. El dinero se acaba y le tomará seis años para que Eraserhead vea la luz del día. El resultado se considera imposible de distribuir pero gracias a la ayuda de algunos amigos, Lynch logra proyectarlo en alguna habitación como un espectáculo de medianoche y, con la película en su maleta, aterriza en Europa en el Festival Fantástico de Avoriaz.

Con el aire perdido del provincial americano, sin siquiera un chaleco para defenderse del frío en los Alpes franceses, vaga entre cinéfilos y estrellas con el aire de un extraterrestre aterrizado en la tierra. La proyección de la película, una pesadilla surrealista con los ojos abiertos, filmada en blanco y negro y dominada por la aterradora encarnación de un feto de origen incierto (Lynch nunca revelará lo que es y lo enterrará en secreto organizando una vigilia fúnebre con la tripulación), resulta en un evento auténtico.

Eraserhead gana el premio, se convierte en un objeto de culto, despierta mil interpretaciones y durante diez años se proyectará por la noche en lo alto en muchas salas de arte estadounidenses. El director siempre se negará a explicar el significado de las imágenes subliminales e inquietantes que pasan por la película haciendo suya un mantra entonces respetado en el futuro (“las películas hablan por sí solas, inútiles para solapar intenciones y explicaciones”) tanto que ninguna de sus obras distribuidas en video casero contiene entrevistas explicativas.

Además, todo su arte es de experiencias visuales, meditación, viajes a las obsesiones inconscientes y juveniles, como para recrear el tejido emocional de una generación y de la América profunda. No es casualidad que sus mayores éxitos, desde Blue Velvet hasta The Secrets of Twin Peaks se encuentran en pequeños pueblos aislados, entre el frío de las montañas y las grandes llanuras del noroeste.

El punto de inflexión en la carrera cinematográfica de David Lynch llega con la segunda película, Elephant Man (1980) para la que, gracias al compromiso de amigos y colaboradores con los que formó una especie de “familia artística” que durará con el tiempo, llama la atención de Mel Brooks. El director de Frankenstein Junior, después de ver la primera película del forastero de Filadelfia, acepta producirla: a cambio obtendrá nueve nominaciones al Oscar por una película en blanco y negro ambientada en el Londres victoriano y entregará a Hollywood la nueva estrella del momento.

Paradójicamente, la oportunidad de la vida se convertirá en el mayor fracaso de Lynch. Dino De Laurentiis le da el proyecto de la vida: la adaptación de una saga visionaria como Dune de Frank Herbert. Luchando con un presupuesto de éxito (45 millones en 1984) y la presión de los medios de comunicación, el director se pierde y no será apreciado ni por el público ni por la crítica, sin emplear los recortes impuestos por De Laurentiis y también por la versión más larga preparada para la televisión. Al borde de una profunda depresión y listo para volver a sus viejos amores (pintura, pero también la música que lo verá emerger como compositor y voz solista), David Lynch trae a De Laurentiis un nuevo guion, casi en compensación por el fracaso anterior.

En un entorno nostálgico del clásico noir, puso en Blue Velvet (1986) todas sus obsesiones, los fantasmas de los pueblos de montaña en los que creció, los sonidos de la América de los años 50, la fascinación del mal y las misteriosas damas oscuras. Elige a actores baratos como el olvidado Dennis Hopper, su icono Isabella Rossellini, el joven Kyle McLachlan descubierto en Dune; conoce al músico Angelo Badalamenti que hará su fortuna, paga la confianza del productor con un verdadero triunfo crítico y la segunda (de tres) nominaciones al Oscar al Mejor Director.

Tres años más tarde, el productor Mark Frost le abrió las puertas con la serie de ABC The Secrets of Twin Peaks: los estadounidenses nunca habían visto nada parecido y la serie se convertirá en el punto de referencia de toda la ficción de principios de siglo, así como la obsesión del director por volver a sus personajes en Fire Walks With Me (1992) y los nuevos Twin Peaks de 2017.

Mientras tanto, ganó la Palma de Oro en Cannes con Wild Heart, hizo el noir más misterioso de los años 90 (Lost Roads y Mulholland Drive), dado rienda suelta a su fantasía surrealista con Inland Empire, ganó un León de Oro en Venecia en 2006.

El Premio de la Academia de Carrera 2019 pone fin a su talento. Pero fuera del cine se ha consolidado, mientras tanto, como un artista destacado con exposiciones en todo el mundo (famosa la colaboración con Loubotin para las instalaciones de Fetish), discos y videos experimentales, dignos de un genio sin esquemas ni límites.

“Las ideas -dice de sí mismo- vienen de la manera más inesperada, sólo mantén los ojos abiertos.”

CON INFORMACIÓN DE ANSA

TV&SHOW/ Rondero’s Medios

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