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La TV Millenial & el otro 19 de septiembre, lecciones del 2017

La televisión ya no es la misma; el mundo, tampoco. Un suceso como el sismo del pasado 19 de septiembre nos lo ha vuelto a recordar fatídicamente en la segunda mitad del año. Esto que para muchos es una obviedad, resulta una de las mayores taras de la televisión mexicana que no acierta a responder con eficacia para superar la crisis que enfrenta actualmente, sobre todo en lo que se refiere a noticieros y a la ficción dramática.

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En la serie Señor Ávila, una producción de Lemon Films para HBO Latin America, podemos reconocer más la exigencia particular impuesta por la firma propiedad de Time Warner que un estándar de calidad si se compara con La Piloto, una telenovela pasada por serie de la misma productora. ¿Fenómeno aislado? Compárese el trabajo de la productora Argos con Capadocia (2008), también confeccionado para HBO, frente a la lastimosa Ingobernable (2017) que realizaron con bombo y platillo para Netflix.

No es sólo una cuestión de presupuestos, que se han visto mermados por esta crisis, es también un asunto de rigor profesional, visión de industria y especialmente (como he enfatizado en anteriores publicaciones) de desprecio por el valor creativo en una industria creativa. Con otro añadido de valor subestimado, la ineludible lectura de qué pide (y requieren las audiencias contemporáneas.

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El otro espejo del K-pop

Entro a una panadería de barrio en Ciudad de México cerca de Tacubaya. Unos jóvenes juegan con una pelota de futbol en el acceso del local y uno de ellos deja el ocio para disponerse amablemente a la actividad de despacharme. Al refrigerador habilitado en una esquina, lo corona un televisor de plasma de 32 pulgadas.

En lo que elijo de entre las últimas piezas de pan, y sin adultos al acecho, la mirada de los bachilleres clase medieros se imanta en un video clip de colores brillantes que muestra la espectacular coreografía de la boy-band coreana BTS, inspirada en los ritmos urbanos norteamericanos. No es un canal de televisión convencional, sino uno de internet.

Me uno a la atención de los quinceañeros y compruebo su realidad: lo que se escucha, propone una mayor sofisticación del sonido pop frente a la pobreza reiterativa de la corriente latina predominante (el reggaetón), no obstante las más de 4 mil millones de reproducciones que presume Despacito, un éxito del mainstream en español del 2017.

En esta liga puedes ver el video de BTS

No sólo eso, los videos de las estrellas del “K-pop”, además de no escatimarle nada a los anglosajones, resulta que en calidad de producción se ubican a años luz de distancia respecto a los videoclips de las estrellas de nuestro mercado que más recaudan viewers en el internet como Maluma o J. Balvin. Los videoclips coreanos, más allá de la promoción a la que sirven, resultan en auténticos espectáculos. Pequeño gran detalle.

La Asociación Mexicana de Productores de Fonogramas y Videogramas (Amprofon) ha reportado durante este año que luego de años de pérdidas de hasta el 40 por ciento, por fin están viendo crecimiento gracias a los nuevos mecanismos de compra-venta digital de música con 23.6 por ciento en ingresos, que alcanzaron los 133.5 millones de dólares y colocan a México en el ranking mundial como el mercado número 15. Tocaron fondo, ¿entenderá la industria las demandas del nuevo contexto?

El síntoma de nuestra televisión

Nada hay en la TV abierta que busque responder a lo anterior y en ese nivel. A pesar de su descrédito, la frecuencia abierta mexicana se aleja más de nichos vitales de audiencia: los jóvenes menores de veinte años, la llamada “generación Z”, que vienen detrás de los “millenial”, y de estos mismos que representan el 35 por ciento del padrón electoral y casi el 40 por ciento de la población económicamente activa del 2018. El último fenómeno equiparable data de hace una década: RBD de Televisa (a partir de un remake argentino), que no ha tenido sucesor.

Lejos de romper la burbuja que les ha llevado a esta debacle, en los pasillos de San Ángel (por mencionar sólo el caso Televisa) se filtra la intención de revivir la marca RBD para producir el remake de una de sus últimas glorias. O sea, otro refrito del refrito en medio de un panorama nacional e internacional que exige calidad creativa a la industria del entretenimiento. Coco (Disney-Pixar), es por mérito propio y con mayor sonoridad, uno de los recientes trofeos de ese nuevo modelo del mainstream.

La nueva “aldea global”

Entablo plática con Vicente y Héctor (los adolescentes de la panadería) que resulta para mí, además de interesante, un fascinante focus group. Me cuentan de otros grupos, de los detalles de otros videos, la mayoría frecuentados por el streamming desde su celular o en discos piratas guardados en una especie de compartimento secreto habilitado en medio del cuerpo de su patineta que acceden a mostrarme. No entienden lo que dicen, pero les gusta lo que ven, algunas de sus canciones también están en inglés.

A diferencia de los mexicanos, los sudcoreanos son fabricantes de tecnología (son la sede de marcas como Samsung y LG) y han hecho la tarea desde hace dos décadas, por lo menos. Cuando la telenovela latinoamericana gozaba en los ochentas de un auge internacional en mercados insospechados, ellos ni siquiera pensaban en producirla.

Hoy no sólo evidencian que retomaron el modelo de producción de los melodramas mexicanos, también se inspiraron en la calidad del serial estadounidense y han hecho uno propio. Uno dotado, en algunos casos, de una sofisticación y sello especial; algo similar podríamos decir de la ficción turca con sus particularidades.

Comunicación de ida y vuelta

La denominación “K-pop”, reducto de la K, de Korea (en inglés), ha resultado una marca internacional muy atractiva no sólo por su calidad de producción sino porque al venir de oriente y estar empapado de su cultura, le aporta un distintivo exótico para las audiencias de este lado del continente, sobre todo en los jóvenes ávidos de nuevos estímulos y de “eso” nuevo y diferente de lo ya establecido. Un añadido de valor sin duda, frente a la reiteración anacrónica de los productores tradicionales del mercado.

La comunicación ahora sí se comporta de ida y vuelta desde los contenidos mainstream. Y lejos de lo que se temía en el dogma socialista respecto a que la globalización arrasaría la cultura y la tradición local, lo que sucede en todo caso es que la está resignificando, sobre todo en el marco de la industria del entretenimiento. Recibes y aportas.

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El “K-pop” es tan sólo una muestra de ello que representa un sismo que si no derriba, fractura seriamente los dogmas snobs de industrias como la mexicana que desde los noventas empezaron a desmantelar la identidad de su ficción so pretexto del éxito en la exportación, por no mencionar el abaratamiento de la producción (frente a la sofisticación de la oferta internacional) y la subestimación endémica y sistemática del valor creativo.

El edificio Televisa, otra vez 19 de septiembre

Si el seísmo del 19 de septiembre de 1985 afectó el paradigma de invulnerabilidad del emporio de Chapultepec, el de 2017 ha fracturado una columna básica, su utilidad social. Ahí está el óxido del 25 por ciento del desplome en las acciones bursátiles de noviembre de la televisora y su acentuada pérdida de utilidades para recordarlo.

El primero cimbró la imagen de poder inquebrantable del edificio monolítico llamado Televisa tras el colapso de la legendaria sede de Televicentro y su consecuente apagón; el de 2017, ha expuesto algo más grave para la compañía: su utilidad política a través de su rol de intermediación y representatividad social. La reciente sacudida ha socavado la tierra para evidenciar las fracturas estructurales de los cimientos de la edificación.

En 1985, ante la debacle trágica y la caída de la señal ininterrumpida de la única cadena nacional comercial por espacio de cinco horas (la otra era la pública y exigua Imevisión), los mexicanos de hace 32 años sin telefonía móvil ni redes sociales virtuales, se volcaron a la radio y a la prensa escrita como espacios de mayor apertura e interlocución social que la catástrofe catalizó ante su necesidad.

La red social de avanzada

La radio en particular dejó de ser el tocadiscos masivo para convertirse en una radio hablada que canalizó la voz de las demandas sociales. Pocos noticieros al aire aún conservan ese espíritu.  Sin premeditación se abrió el micrófono con naturalidad a personas con la necesidad emocional de saber de los suyos y de interesarse por la certidumbre de lo que quedaba de su entorno: tejió entonces una efímera red social.

Esa radio no le habló a una masa abstracta, se dirigió a personas con historia e identidad propia, aquella que buscaba representación ante la insuficiencia gubernamental.

No olvidemos que posterior a ello, y antes que la televisión, las estaciones aceleraron su transformación para transitar de ser generalistas a unas segmentadas por gustos y preferencias de nicho. Ya vendría el auge de la TV restringida.

Los otros edificios y el sismo “Frida Sofia”

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Televisa aprendió de la vulnerabilidad de sus edificios físicos y reparó admirablemente en ello, no así en sus edificios intangibles, esos que albergan a sus contenidos: la esencia de su modelo de negocios. En medio de una crisis en su área de entretenimiento que no acaban de digerir, el fenómeno “Frida Sofía” los sacudió con la contundencia ineludible del sismo 7.1 en escala de Richter por algo más allá de una pifia o “manipulación”.

Con el protagonismo de las redes sociales y tras el exceso editorial vastamente referido, la lapidación se dirigió al viejo conocido, a pesar del deslinde público. Dos son las razones principales: la relevancia intrínseca que mantiene (aún) el medio y el descrédito acuestas de la marca. No obstante de haber sido una tendencia informativa a la que se colgaron  varios medios relevantes.

Mucha gente ha querido creer, nuevamente, en una “manipulación”. Ante ello, algunos en redes sociales y blogs cuestionaron con sorna el por qué quienes decían odiar a la televisión tradicional, la han vuelto a tomar como referencia primaria, al menos durante la etapa crítica del suceso.

El chairismo crítico pasa por alto dos razones principales de ese fenómeno: que ante la incertidumbre opera el factor tradición (se acude a fuentes de familiaridad) y por la accesibilidad natural del medio, sobre todo tras la falla inmediata en la red móvil de internet, lo cual evidenció el largo recorrido que aún le queda para consolidarse como EL medio, no obstante que en este 19-S fue EL factor, incluso para rescatar víctimas.

A diferencia del área de entretenimiento de la empresa, tras los cambios en sus formatos y nuevas figuras al frente de mujeres de indiscutible biografía profesional, sus noticieros lograron si no recuperar, sí dar un moderado nuevo aire a los informativos.

Con el fenómeno “Frida Sofía” quedó de manifiesto que se requiere mucho más que cambios cosméticos para recuperar credibilidad, y que si el contexto sistemático no es propicio, cualquier sacudida futura derribará sin remedio todo nuevo maquillaje.

Una nueva sacudida en un nuevo contexto

Tras el colapso parcial del suministro eléctrico, la gente optó por encender la radio y la televisión de frecuencia abierta, lo cual nos alecciona también sobre sus inquebrantables bondades técnicas ante catástrofes naturales. La radio comercial apagó su habitual monotonía y los ritmos uniformes de su música generalmente vacua para interesarse genuinamente por su audiencia, como los voluntarios espontáneos lo hicieron por víctimas de identidad desconocida. La audiencia, amén de la repercusión del suceso, volvió a un medio que también padece pronunciadas caídas de audiencia.

A diferencia de 1985, en que esa radio que suplantó a la televisión se dirigió a una masa proactiva (empleando el término de Marshall McLuhan) ahora la sociedad que respondió, particularmente jóvenes, cuenta con un propio medio: un perfil de una cuenta de red social que le confiere individualidad. No son un número sino responden a un nombre.

¿Es extraño que los noticieros se colmaran de imágenes instantáneas subidas a Youtube o Instagram con indiscutible valor periodístico pero sin citar fuente alguna?

Entiéndase que ya no hay más masa, en todo caso no uniforme sino una variada, extensa y heterogénea. Lo que es mejor, con una que utiliza el poder personal del botón “publicar” a modo, en cualquier momento y en total libertad creando una dinámica independiente. Y, atención, lo más que un medio tradicional puede hacer ante ello es influir, no controlar.

El periodismo televisivo, nuevas narrativas, una necesidad

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Un joven soldado de piel oscura llora desconsolado sobre las ruinas de un edificio en Morelos ante la impotencia de no haber salvado con vida a víctimas, para él, de identidad desconocida. Una mano enfundada en guantes de trabajo trata de sostener su derrotada frente y unos hombres le rodean para evitar que desfallezca. Su nombre es Martin Moctezuma, originario de Oaxaca; aunque uniformado, podemos ver en Martin la sustitución de la imagen viva del pueblo que ha salido a rescatar a los suyos.

¿No era esta una historia lo suficientemente poderosa como para articular una narrativa documental a partir de esto?

La foto conmociona a millones sobre todo a Marco Gil, padre y esposo de las infortunadas mujeres, quien a través de las redes sociales le dedica una conmovedora carta. Aquí tenemos otra fulminante lección: el periodismo televisivo, como la ficción dramática de nuestro país, también está urgida de revolucionar sus narrativas.

La ficción dramática vs los géneros de “realidad”: los errores

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Insistir en hacer del Colegio Rébsamen el centro emocional de su cobertura abordándolo desde el tratamiento del melodrama simplista de un unitario vespertino no es el único gran error de la televisión abierta mexicana, sino eludir la profundidad social del suceso con sus diferentes repercusiones.

De haber atendido lo anterior, hubieran aportado una narrativa mucho más compleja y diversa y, posiblemente habrían logrado una cercanía oportuna con las audiencias contemporáneas y su realidad, aquellas con las que agudizan distancia.

En la ficción dramática serializada de hoy, aquella de éxito que les ha rebasado, no aplica más la versión maniquea de los buenos-buenos y de los malos-malos. Indispensable presentar todas las caras (al menos las más importantes) que aporten matices y contrastes, no sólo por un asunto de rigor discursivo (editorial, en el caso de los noticieros) sino porque ello enriquece, y acaso aumenta, el interés de lo que se presenta.

Porque el de hoy no es un mundo de blanco y negro, ni analógico. No es EU, los buenos, contra los Soviéticos, villanos. Eso no existe más. Apréciese la narrativa de series como Homeland, Stranger Things, The Americans y Game of Thrones, por mencionar casos.

El de hoy es un mundo de Ultra Alta Definición que demanda los más variados colores y de la relectura y la reescritura inmediata de otros prismas, las lentes de las redes sociales y la multiplataforma que redefinen el contenido base.

Una historia maniquea, aún con un argumento atractivo, se desinfla en el desarrollo, eso es seguro. O si se quiere ver así, el maniqueísmo exige una mayor sofisticación. Verbigracia el caso de Designated Survivor (Netflix). Los dramáticos mexicanos aún no aciertan a dar acuse de recibo a este tipo de lecciones fundamentales y por eso no pueden remontar los números de audiencia y su repercusión.

Este proceder también explica la obsolescencia narrativa de los noticieros al aire. El story-telling de “Frida Sofía” apostó por la narrativa de La Rosa de Guadalupe en una coyuntura que pudo haber contribuido a acercar a las audiencias “Millenial” y “Z” a la que ésta si no les provoca aversión, les resulta como un manuscrito en español antiguo.

A las audiencias de hoy, no se les puede hablar como aquella a la que apelaba el mítico Jacobo Zabludovsky en 1985 en esa grabación histórica que pudo hacer gracias a que sólo alguien de su posición podía contar con un teléfono instalado en un auto. Hoy, precisamente, eso es ya una curiosidad del pasado.

Una nueva comunicación para una nueva televisión

Si la institución de la televisión, sus televisoras, no termina de entender que la comunicación actual ya no es sólo de carácter difusor sino de ida y vuelta, no comprenderá que la audiencia ya cuenta con un poder intrínseco que no admite monopolios porque exige relación de pares. Eso revoluciona el proceso comunicativo.

La sacudida social y política del nuevo sismo de este otro 19 de septiembre, exige replantear o reconstruir esos viejos edificios que, de lo contrario, pasarán a formar parte de la triste lista de los millares que si no colapsaron, están a punto de hacerlo y pronto dejarán de ser referencias del paisaje urbano del nuevo presente.

El de 2017 no sólo ha marcado sentencia de muerte al paradigma institucional por su fulminante obsolescencia, sino también porque sus viejas estructuras estorban a los requerimientos de un país y un mundo que redefinen el futuro próximo a cada instante con una nueva realidad que cambia con la alerta de actualización de un Android o del lanzamiento de un nuevo iphone.

Otras Referencias

El Economista

El País

El Financiero

Por Daniel Lares Muñoz. TV&SHOW / Rondero’s Medios

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