“La Jauría”, nada tan presente como la violencia de género en el mundo

NUEVA YORK.- La violencia ejercida contra las mujeres, en todas sus formas, junto con un reclutador de hombres agresivos que se hace llamar El Lobo, son la base argumental de la serie chilena LA JAURÍA estrenada por Amazon Prime.

Esta serie codirigida por la argentina Lucía Puenzo, le hace frente a uno de los temas más polémicos y urgentes que enfrenta el mundo: detener la violencia contra las mujeres en todas sus expresiones, desde el abuso verbal hasta su peor extremo: el feminicidio.

Basada en un caso real e España que se conoció en la prensa como La manada -porque de esa manera actuaron los cinco hombres que violaron a una joven y filmaron el hecho- la serie compuesta de ocho capítulos de unos 45 minutos en promedio, es un ejemplo de una idea interesante.

LA JAURÍA tiene un elenco de destacados actores, desde Daniela Vega (la protagonista de Una mujer fantástica, filme chileno que ganó el Oscar a Mejor Película Extranjera en 2018) hasta Luis Gnecco (quien protagonizó Neruda y El bosque de Karadima, entre otras). A esto se suma un productor ejecutivo como Pablo Larraín, director de filmes como Neruda, No, El club, Jackie y que en su rol de producción ha posibilitado cintas como Una mujer fantástica (de Sebastián Lelio) y la reciente ópera prima del talentoso Gaspar Antillo, Nadie sabe que estoy aquí.

LA TRAMA:

Se inicia con Blanca, una joven de 17 años que encabeza las protestas en su colegio católico, llamado Santa Inés, contra un profesor acusado de abuso sexual de varias de sus alumnas. En medio de ese conflictivo contexto, la desaparición de la joven y la posterior viralización de un video que muestra que es violada por varios hombres, desespera no sólo a los familiares de Blanca, sino a la comunidad educativa y a la sociedad en general.

Pero no se trata sólo de que el profesor o los agresores de Blanca son repudiables, casi todos los hombres en esta serie son abusadores –verbal o físicamente- corruptos, partícipes de actividades turbias (como la venta de bebés recién nacidos), apáticos o encubridores. Si esto se tratara de una distopía, como El cuento de la criada, donde un estado patriarcal totalitario ha sojuzgado a las mujeres y las ha obligado o aceptar un orden social de castas (donde las mujeres que aún conservan la posibilidad de engendrar son las criadas) se justificaría que los hombres funcionen como un bloque perverso, aunque en la novela de Margaret Altwood -que bien reflejó también la serie-, hay hombres que se apartan del mandato de su género y luchan para volver a una situación de igualdad de derechos entre hombres y mujeres.

CON INFORMACIÓN DE ANSA

TV&SHOW/ Rondero’s Medios

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