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LA COCINERA

Una novela histórica acerca de la apasionada vida de una mujer capaz de seducir una ciudad y actuar sobre el curso de la historia gracias a su talento, espíritu indómito y arte culinario, en LA COCINERA (Ediciones B, 398 páginas), escrita por la española, originaria de Reus, provincia de Tarragona, de 56 años, Coia Valls (La princesa de jade, El mercader y Las torres del cielo).

En LA COCINERA se aprecia la esencia de un tiempo, el paladar de toda una época, en el que la joven Constanca Clavé, de dieciséis años, deja la lejana ciudad de Lima tras la muerte de su padre, un diplomático al servicio del virrey Manuel de Amat, para iniciar un largo periplo hasta Barcelona y reunirse con sus abuelos.

Lleva paisajes, gustos y texturas grabados en la memoria, y viaja con su única herencia: el cuaderno de recetas de quien fue su primer maestro en la corte peruana, el chef Antoine Champel.

En la ciudad, Constanca sueña con convertirse en una gran cocinera, aunque su condición de mujer le cerrará muchas puertas. No obstante, se abrirá paso con coraje y pasión entre las calles de una Barcelona convulsa, moviéndose entre los grupos que llaman a la revolución y aquellos otros que frecuentan salones más refinados y exquisitos: una esfera de poder donde actúan personajes fascinantes, como el que fue considerado el primer gastrónomo de la época, el barón de Maldá.

…”Fueron hacia la cocina y, por el camino, Constanca fue rumiando de qué otras armas disponía. Un agradable aroma a avellanas tostadas los recibió antes de entrar en aquel santuario. Las cuatro mujeres que trabajan estaban muy ocupadas confeccionando los turrones, tal como Monsieieur Plaisir les había indicado. La chica siguió con detenimiento cómo quitaban la cáscara de los frutos secos que ya se habían dejado enfriar. Las proporciones también estaban bien medidas, a partes iguales la miel y las avellanas. Las tejas de oblea esperaban su turno, destinadas a servir de envoltorio a los deliciosos postres”.

Pierre Bres dio el visto bueno y añadió:

-Poned la miel a cocer a fuego lento. Cuando la tengáis bien desleída, retiradla de los fogones. Esperad a que esté tibia y entonces podréis poner las calas de huevo.

coiavalls.jpg

Por Roberto Rondero / Rondero’s Medios

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