Con Letra Grande

Pedro Almodóvar debuta como escritor con su novela «El hombre que solo escribía en los aviones»

MADRID.- No soporta que terminen las novelas que ama. Por eso las reescribe, altera sus tramas, roba las palabras de sus autores predilectos y emprende viajes en busca de nuevas historias. Así es Flavio Guijarro, protagonista de EL HOMBRE QUE SOLO ESCRIBÍA EN LOS AVIONES, el personaje con el que PEDRO ALMODÓVAR, maestro del cine español y autor de una filmografía premiada en todo el mundo, debuta en la narrativa.

El libro, de 256 páginas, llegará a las librerías españolas el 29 de octubre, publicado por Reservoir Books, sello de Penguin Random House, y lleva a las páginas una de las obsesiones más profundas del cineasta: el poder de la ficción para reinventar la realidad.

«La buena ficción debe ser eterna», afirma Almodóvar al explicar el atractivo de la fan fiction, una práctica mediante la cual lectores y espectadores prolongan las historias y los universos narrativos que aman. «Me gusta esa fertilidad que nace del amor por un libro o una película que no quieres que terminen», aseguró.

Más que una historia lineal, la novela es un vertiginoso juego de espejos entre vida e invención, memoria e imaginación, lectura y escritura. «Imposible de reducir a una sinopsis», advierte la editorial, que la describe como una obra libre, independiente, insólita y atrevida, en la que el deseo no es solo carnal, sino también, y sobre todo, deseo por la palabra escrita.

Dos grandes historias de amor atraviesan el relato, junto con una multitud de narraciones que se despliegan como una matrioshka rusa. Flavio Guijarro es un hombre de mil vocaciones que pasó por distintos oficios -fue dibujante, músico, diseñador, estudiante de Psicología, actor y camarero- antes de alcanzar el éxito como preparador de actores. Pero su verdadera pasión, casi una obsesión, es la literatura.

Lee sin descanso cuando viaja en avión y escribe febrilmente en las páginas en blanco de los libros, en los márgenes e incluso en las bolsas para el mareo de los pasajeros. Una vez en tierra, en cambio, su inspiración parece desvanecerse y, para recuperarla, llega a tomar vuelos con el único propósito de volver a escribir en las alturas.

Transforma las obras que ama, las mezcla con otras historias y prolonga sus tramas. «Es un ladrón de ideas», lo define el propio Almodóvar, que convierte la reescritura en una forma de deseo y de resistencia a la palabra «fin».

Así, el protagonista lleva al lector a una secuela imaginaria de Blade Runner, ambientada en un Madrid de 2099 devastado por la desertificación y las guerras civiles. En ese futuro distópico, seres humanos y androides transgénicos ven los clásicos del cine para intentar comprender el mundo desaparecido.

Pero Flavio también se aventura a reescribir Los papeles de Aspern, de Henry James, entrelazándola con referencias a Vladimir Nabokov y George Orwell, una polémica subasta de un pañuelo manchado con la sangre del autor de 1984 y el deseo de reconstruir una obra erótica perdida.

El resultado es un laberinto metaliterario. «Si Borges estuviera vivo -escribe Almodóvar en el prólogo-, le pediría un relato infinito escrito por aficionados a la fan fiction».

Tampoco faltan episodios más íntimos e inquietantes: un monólogo sobre la relación sentimental entre un director de cine y un adicto a la heroína, el recuerdo de abusos y del descubrimiento de la sexualidad en un internado religioso, y un performance artístico destinado a provocar polémica.

Aparecen también referencias biográficas y, en segundo plano, una historia de amor que saca a la luz el pasado de Flavio. Su vida termina infiltrándose en las obras que inventa, mientras la ficción modifica, a su vez, la manera en que el personaje interpreta su propia existencia.

El vínculo entre experiencia y narración se remonta a la infancia de Almodóvar, nacido en 1949 en Calzada de Calatrava, en el corazón de Castilla-La Mancha. Su madre leía y escribía cartas para las vecinas analfabetas y, en ocasiones, las enriquecía con detalles inventados.

De niño, según contó el autor de Volver, él mismo relataba a las muchachas que asistían a clases de costura las películas que veía con sus hermanas, a las que añadía giros surgidos de su imaginación.

«La realidad es incompleta y, para hacerla más habitable, hay que llenar sus vacíos», es la lección del autor de Todo sobre mi madre.

Antes de incursionar en la novela, el cineasta, guionista y productor, ganador de dos premios Oscar, ya había publicado guiones y recopilaciones de textos, entre ellos Fuego en las entrañas (1981), Patty Diphusa y El último sueño (2023), una suerte de autorretrato fragmentario en el que se funden autobiografía y ficción.

Ahora, a través de Flavio Guijarro, vuelve al origen de todo para concederse, una vez más, el lujo de no poner la palabra «fin».

CON INFORMACIÓN DE ANSA

TV&SHOW/ Rondero’s medios

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