Cine

«La Odisea», portento visual de Christopher Nolan con rodaje de cámaras IMAX

LOS ANGELES.- En el gran orden cósmico, los que han leído la versión completa de LA ODISEA en cualquiera de sus traducciones se pueden contar con los dedos de la mano. Pero eso no quiere decir que la mayoría de los humanos no posean un conocimiento bastante extenso (aunque probablemente superficial) sobre un relato cuyas características fantásticas y heroicas han superado particularmente bien el paso del tiempo (considerando sobre todo que el poema se escribió hace cerca de tres mil años).

La adaptación cinematográfica de LA ODISEA dirigida por Christopher Nolan y protagonizada por Matt Damon es un portento visual. Con un estreno arrollador que alcanzó 264.1 millones de dólares en su debut mundial, el filme reimagina la clásica epopeya de Homero utilizando formatos como IMAX, efectos prácticos y una escala monumental.

En realidad, lo que se conoce mayormente son, por decirlo así, los ‘hits’ de la obra escrita, o más precisamente, las escenas más llamativas y espectaculares, que han logrado mantener su potencia hasta el día de hoy y que, por supuesto, serán la razón principal por la que el público acudirá a las salas para exponerse a la nueva versión cinematográfica, ya disponible.

No es la primera vez que esta historia se cuenta, claro está; hubo una versión de los ‘50 que tenía a Kirk Douglas al frente, y existe una miniserie de los ‘90 a la que le fue decentemente. Pero la adaptación colocada en las manos de Christopher Nolan en calidad de director y de guionista cuenta no solo con la ventaja de haber sido realizada en medio de una coyuntura tecnológica que permite la implementación de imágenes que anteriormente recibían un tratamiento de serie B, sino también de surgir de la mente de uno de los cineastas más importantes de la actualidad. Y no hay olvidar que cuenta con un generoso contingente de estrellas hollywoodenses.

Eso no quiere decir que su camino al éxito o a la aprobación total se encuentre garantizado. Desde que se anunciara del reparto, el monumental proyecto se convirtió en blanco de la ira de quienes rechazaban la elección específica de algunos de los actores, como Lupita Nyong’o (quien se pone en la piel de la supuestamente nívea Helena de Troya) o Elliot Page (quien aparece finalmente interpretando al soldado Sinon, ausente en los escritos de Homero).

Se trata de decisiones que, una vez apreciadas en la pantalla, no pasan desapercibidas, pero que no se convierten nunca en un obstáculo para que esta sea una película excepcional en más de un sentido, así como la recreación más impresionante, esmerada y artística que se haya hecho de la aventura señalada.

Nolan se las ha ingeniado para imponer una puesta en escena fabulosa en medio de circunstancias particularmente difíciles, y ha obtenido sin duda interpretaciones brillantes por parte de muchos de sus actores. Pero eso no es todo, porque se ha atrevido también a insertar apuntes ciertamente personales que van de la mano con una visión del mundo que no corresponde necesariamente a la que se encontraba planteada en la versión original.

Volviendo al reparto, debo admitir que, en mi caso, el hecho de tener a Matt Damon como titular no me convencía del todo, pese a que lo considero un gran actor. De algún modo, el conocido lado sensible del aludido no encajaba en la interpretación de un personaje que, a pesar de no haber sido nunca indiferente (de hecho, el dolor que atraviesa a lo largo de su recorrido ha sido siempre un elemento esencial), se me hacía más rudo y agresivo en cuestiones de actitud.

Sin embargo, en este puesto decisivo, Damon ofrece una de las mejores actuaciones de su carrera, mostrándose duro e implacable cuando tiene que serlo y abandonándose a la desolación cuando resulta necesario. Por encima de todas las cosas, su carisma sigue siendo imbatible.

A mi parecer, se encuentra seguido de cerca por Tom Holland, quien no es ni por asomo un mal actor, pero que aquí, en la piel de Telémaco, el único hijo de Odiseo, da unas muestras de grandeza inesperadas mientras se coloca a la diestra de Anne Hathaway, convertida en una impetuosa Penélope, la esposa enfrascada en una interminable espera. Y no hay que olvidarse de Robert Pattinson, formidable en su representación del villano Antínoo, quien pretende la mano de Penélope (y todo lo demás) ante la prolongada ausencia de su marido.

Nolan deja a la deriva a algunos de sus personajes, como ocurre con la diosa Atenea de Zendaya, cuyas apariciones son tan esporádicas e inofensivas que recuerdan lo que le tocó hacer a la misma muchacha en la primera parte de Dune.

Visualmente, LA ODISEA deslumbra constantemente en su método no convencional de rodaje, ya que se trata de la primera película hecha completamente con cámaras de IMAX, que son extremadamente grandes y requirieron de un diseño de aislamiento de sonido especialmente fabricado con la finalidad de silenciar el ruido que producen.

Además de lo dicho, los mismos aparatos tienen que recargarse cada tres minutos, lo que tuvo que condicionar no solo el estilo de la puesta en escena, que prescinde de tomas extensas, sino también el trabajo de actuación de los participantes, sobre en lo que respecta a escenas largas de diálogo que no podían ser filmadas de manera ininterrumpida.

Pese a que Nolan no es un devoto de los planos secuencia, le hubiera sido imposible hacer algo como el que abre Dunkirk (2017), por ejemplo; y resulta razonable cuestionar si esta obsesión por la perfección técnica (porque eso es lo que se busca con el formato de IMAX) merecía ser colocada por encima del aspecto interpretativo, más allá de que, como hemos dicho, la cinta tiene varias actuaciones excepcionales.

Con tomas largas o sin ellas, LA ODISEA mantiene un ritmo impresionante sin caer en una estética ‘videoclipera’, y asume siempre una postura hiperrealista que puede sorprender en vista de las temáticas sobrenaturales tratadas, pero que resulta esencial para la credibilidad de un espectáculo de enormes dimensiones que se filmó en locaciones reales de seis países (Marruecos, Grecia, Italia, Islandia, Escocia y Estados Unidos) y que apela mayormente a efectos prácticos.

Aunque no faltan los momentos de intriga marítima, algunos de los aportes más emocionantes de la cinta corresponden a las peleas cuerpo a cuerpo que presenta, tanto durante la toma de Troya (acompañada por una banda sonora trepidante) como en el combate final en el palacio de Penélope (donde Odiseo, quien ha sido mostrado ya como un estupendo estratega, se exhibe como un experto en el manejo del arco y las flechas).

CON INFORMACIÓN DE ANSA

TV&SHOW/ Rondero’s medios

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