HOLLYWOOD.- MEL GIBSON, ganador del Oscar, el destacado y siempre controvertido autor de The Passion of the Christ y de su ya próximo secuela, The Resurrection of the Christ, cumple este sábado 70 años.

Los números son la obsesión y la maldición en la vida de Mel Columcille Gibson, el talento más irregular del Hollywood de entre siglos, el hombre que se considera a medio camino entre un moderno Juan el Bautista y una estrella de otros tiempos.
Con su barba blanca de ermitaño, sus posturas siempre fuera del coro y una visión muscular y grandiosa del cine tanto como actor como director, ha encontrado en Italia su nueva tierra prometida y, para su cumpleaños, corre el riesgo de aparecer como un nuevo mesías entre los Sassi de Matera.
Como se sabe —y bajo el máximo secreto, pese a frecuentes y contradictorias filtraciones— es allí donde se rueda su nueva Pasión de Cristo, dedicada a la Resurrección, prevista para llegar a los cines -quizás en dos partes- en 2027.
Precisamente su patria es el primer número a tener en cuenta: el cuatro. Hijo de irlandeses estadounidenses, posee doble pasaporte estadounidense e irlandés, pero también la ciudadanía australiana, país en el que vivió desde los 12 años, y declara que hoy su corazón late en Italia.
El segundo número se refiere a su carrera: ha obtenido 30 nominaciones entre los Oscar y los Globos de Oro y ganó en ocho ocasiones el máximo galardón. En 1995 logró un auténtico récord con Braveheart, premiada cinco veces, incluidos el Oscar a la mejor película y a la mejor dirección; en 2016 repitió con dos estatuillas por Hacksaw Ridge.
El tercer número concierne a su familia, en el marco de una vida privada turbulenta y a menudo marcada por controversias: sexto de once hermanos (incluido su gemelo Donal), padre de nueve hijos de tres parejas distintas, con dos de las cuales terminó de manera abrupta.
En el primer caso, tras treinta años (y siete hijos) con la ex enfermera Robyn Moore, que obtuvo 420 millones de dólares en el divorcio de 2011; con la música rusa Oksana Grigorieva acabó en los tribunales tras tres años, con acusaciones de malos tratos y una sentencia desfavorable; con su tercera pareja, la guionista televisiva Rosalind Ross, vive -al parecer- en paz desde 2014 y con ella tuvo en 2017 a su último hijo, Lars.
La numerología ideal de MEL GIBSON incluye finalmente su cotización como actor: desde los 400 dólares australianos cobrados por su debut en Summer City (1977), los 9.000 del primer Mad Max (1979), hasta los 25 millones de dólares obtenidos en 2000 como protagonista de The Patriot.
Aún hoy resulta difícil definir a Mel actor y a Gibson director: macho, musculoso, testosterónico e irreverente en sus películas de mayor éxito (la trilogía de Mad Max con George Miller, la serie de Lethal Weapon junto a Danny Glover), al punto de que recientemente Donald Trump lo nombró su embajador en el mundo del cine junto a Sylvester Stallone y John Voight.
Director reflexivo, espiritual y antimilitarista en apuestas arriesgadas como los colosales The Passion of Christ (hablada en arameo) o Apocalypto (en lengua maya).
¿Quién es el verdadero Mel Gibson? Por un lado, el productor exitoso (su compañía Icon se impuso rápidamente en Hollywood), el filántropo generoso, el inmobiliario prudente, el soñador que lucha por la libertad individual. Por otro, el ciudadano sancionado en varias ocasiones por alcoholismo, conducción sin licencia, excesos y comportamientos violentos que a menudo lo definieron como bipolar.
Sin duda encierra múltiples personalidades, un rasgo captado por el director M. Night Shyamalan, quien lo eligió como protagonista de uno de sus filmes más exitosos, Signs (2002).
En una carrera iniciada a fines de los años 70 y marcada desde el comienzo por un éxito arrollador, sigue siendo hoy un protagonista que va más allá de las reglas y rara vez falla el objetivo.
Hasta ahora actuó en 60 películas, produjo diez (incluido un raro documental sobre Leonard Cohen) y dirigió siete. Difícil olvidar roles icónicos: el guerrero de la carretera Max Rockatansky en los tres colosales distópicos de Miller iniciados con «Interceptor»; el soldado audaz Frank de Gallipoli y el intrépido periodista de «The Year of Living Dangerously» (dirigida por Peter Weir); el oficial naval Fletcher en «The Bounty» de Roger Donaldson; el detective Riggs de «Lethal Weapon» y el piloto de «Air America», donde su compañero Robert Downey Jr. lo convenció de que estaba listo para dirigir.
Le siguieron el poco convincente «príncipe pálido» de Hamlet bajo la dirección de Franco Zeffirelli y el ex profesor desfigurado de The Man Without a Face (su debut como director en 1993); el pistolero de Maverick, dirigida por Richard Donner —a quien siempre consideró uno de sus maestros— junto a Jodie Foster, desde entonces una de sus amigas más fieles; el héroe nacional escocés William Wallace en Braveheart y el héroe estadounidense Benjamin Martin en The Patriot, bajo la dirección de Roland Emmerich.
En la última década, sus grandes actuaciones como actor se reducen y, tras una incursión «culto» como The Million Dollar Hotel de Wim Wenders (2000), aparece sobre todo en productos de gran consumo como The Expendables junto a Stallone o The Professor and the Madman con Sean Penn.
A menudo perseguido por los dardos del movimiento #MeToo, no ha dudado en posicionarse contra toda forma de agresión militar.

En definitiva, sigue siendo un artista en lucha consigo mismo y quizás por eso resulta tan carismático como polémico. Así será también cuando termine The Resurrection: las controversias lo esperan y, tal vez, ya lo atraen.
CON INFORMACIÓN DE ANSA
TV&SHOW/ Rondero’s medios


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