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El premio Oscar, su historia y valor, entre robos, subastas y acciones de altruismo

LOS ANGELES.- Quizá la pieza más reconocible y celebrada artísticamente en gran parte del mundo no representa a un héroe o dios de la antigüedad. Se trata, en cambio, de un hombrecito de metal, un homúnculo bañado en oro de 24 quilates, desprovisto de pelo, rasgos faciales y órganos sexuales. Está envuelto en guiones, es el premio OSCAR.

Todo tipo de preguntas en torno al OSCAR fueron replicadas por Los Angeles Times.

¿Fue o no fue esbozado por primera vez en un mantel del Hotel Biltmore? ¿Fue o no fue modelado a partir del cuerpo del director y actor mexicano Emilio Fernández? ¿Recibió el nombre por su supuesta semejanza con la parte trasera del primer esposo de Bette Davis, Harmon O. -de Oscar- Nelson? (entonces, ¿por qué no se llamó Harmon?), ¿O porque, muy probablemente, le recordó a Margaret Herrick -la bibliotecaria y luego directora ejecutiva de la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas- al primo hermano de su madre, Oscar Pierce, un hombre que ella misma parece no haber conocido nunca?

Que el frívolo mote se haya endilgado a un trofeo tan augusto fue motivo de mortificación para la señora Herrick. Ella escribió, en una carta de 1959 dirigida a un editor del diccionario Merriam-Webster, que lamentaba “más veces de las que quisiera recordar” una “broma tan irreflexiva”.

“Siempre he sentido que la Academia pierde algo de dignidad cada vez que se hace referencia a la estatuilla como un ‘Oscar’”. Pero debe haber reconocido que “Premio de la Academia al Mérito” era demasiado difícil de manejar para los titulares y muy complicado para los locutores, así como sencillamente “Oscar” demasiado irresistible.

Hay poco más de 3000 estatuillas en distintos lugares del mundo: en repisas de chimenea, en vitrinas, anclados en estantes en la sísmica California. Han sido robados y perdidos, robados y encontrados; han aparecido en un mercado de pulgas de Pasadena, una casa de empeño de San Francisco y una venta de garaje de Hollywood.

La medalla del Premio Nobel es más inusual -algo así como mil de ellas otorgadas en más de 120 años y hechas de oro real-, pero ni una persona en cien reconocería el perfil digno y barbudo de Alfred Nobel en el premio que lleva su nombre, una medalla que nadie ha llamado nunca “el Alfred”.

EL RECORRIDO INCLUYE LOS ATRACOS

Desde las primeras estatuillas de los Oscar, otorgadas en 1929, han sido objeto de deseo de los ladrones. El primer robo conocido fue el sufrido por la actriz infantil Margaret O’Brien, de siete años, un Oscar especial juvenil por su papel como la bulliciosa Tootie en la película de 1944 Meet Me in St. Louis. Diez años más tarde, cuando la madre de O’Brien estaba gravemente enferma, la criada de la familia se llevó a casa el Oscar y otros dos premios para pulirlos, como había hecho antes. Nunca los trajo de vuelta; de hecho, ella nunca regresó.

A principios de la década de 1990, el mismo pequeño Oscar no tenía interesados por $100 en un mercado de pulgas de Pasadena. Cuando apareció por $500 en otro mercado de pulgas de Pasadena, dos años después, dos amigos juntaron dinero para comprarlo. Terminaron devolviéndoselo a O’Brien, a quien le habían dado un Oscar de reemplazo pero estuvo encantada de recuperar el original.

Ese robo fue nada en comparación con el “golpe de oro” de 2000. Un rescatador de metal encontró 52 estatuillas, todavía envueltas en plástico en sus cajas originales, en contenedores de basura detrás de una tienda, en Koreatown.

El envío de 55 Oscars del fabricante de Chicago (las estatuas ahora se fabrican en Nueva York) desapareció del muelle de carga de una empresa de camiones en la ciudad de Bell. Willie Fulgear, quien encontró 52, obtuvo una recompensa, buena publicidad, una limusina y boletos para asistir a los Oscar, donde Billy Crystal lo saludó desde el escenario.

Tres hombres fueron condenados en relación con el robo. Evidentemente, habían planeado vender las estatuillas, pero presumiblemente se deshicieron de los Oscars “candentes” una vez que se enteraron de la publicidad global y de que cada estatuilla llevaba un número de serie (uno o dos de los tres Oscar desaparecidos fueron hallados en una redada federal antidrogas en Miami, pero al menos uno sigue perdido).

Uno de los integrantes del trío resultó ser el medio hermano de Fulgear, aunque habían estado separados durante años y la conexión entre el robo y el descubrimiento fue una casualidad. Lo que pasó con Fulgear a partir de entonces es otra historia pero, por desgracia para él, no fue comprada para una película, tal como le habían vaticinado algunos. Bienvenido a Hollywood.

En 2002, Whoopi Goldberg envió su Oscar a la Mejor Actriz de Reparto por Ghost, a la Academia para que lo pulieran y cambiaran de placa, pero éste se perdió entre Los Ángeles y la compañía de Chicago que elabora y repara las estatuillas. Alguien lo interceptó, lo sacó de su paquete y mandó la caja vacía a Chicago. El Oscar fue encontrado por un guardia de seguridad en un basurero en el aeropuerto de Ontario. “Este Oscar”, aseguró Goldberg, “nunca volverá a salir de mi casa”.

Hattie McDaniel ganó el Premio de la Academia en 1940 a la Mejor Actriz de Reparto por su interpretación en Lo que el viento se llevó, el primer premio de la Academia para una actriz negra. Antes de 1943, los galardones a los actores secundarios eran placas, no estatuillas. McDaniel legó el suyo a la Universidad de Howard, de donde desapareció de la vista a principios de la década de 1970, quizás escondido en alguna caja de almacenamiento pasada por alto.

En 2018, el segundo Oscar a la Mejor Actriz protagónica que ganó Frances McDormand, por Three Billboards Outside Ebbing, Missouri, fue arrebatado de la mesa donde lo había dejado en la fiesta oficial posterior. Un fotógrafo vio a un hombre levantar la estatuilla, lo detuvo y le quitó el premio.

El hombre acusado de llevarse el trofeo, Terry Bryant, había tenido suficiente tiempo para publicar un video de Facebook titulado Mi bebé Oscar. En el clip, lo levantaba y decía: “Mi equipo consiguió esto esta noche. Es mío”, y besaba la estatuilla. Los cargos fueron retirados cuando los fiscales dijeron que no podían seguir adelante y el abogado de Bryant consideró que el hombre nunca había tenido la intención de quedarse con el trofeo. La publicación de Bryant en Facebook del 22 de agosto de 2019 decía: “¡El caso de los Oscar FUE DESESTIMADO HOY! ~ Yo no hice lo que dijeron. ¡GANAMOS PORQUE SOY 100% INOCENTE! ¡A DIOS SEA TODA LA GLORIA, ALELUYA!¡DIOS LO HIZO POSIBLE!”.

Una estatuilla también desapareció pero ante los ojos de algunas de las personas más famosas del mundo: fue arrebatado del escenario de los Oscar cuando las luces se oscurecieron para una pausa comercial.

Como escribió el exdirector de la Academia Bruce Davis, en The Wrap, años después, el documental de 1972 Marjoe había ganado, pero solo uno de los dos directores subió al escenario para llevarse sus estatuillas. El segundo se quedó en el podio, y cuando las luces volvieron a encenderse, la estatuilla ya no estaba. Qué guion hubiera sido ese hecho.

Davis siguió el hilo de ese Oscar, y el que Marlon Brando rechazó por The Godfather. La mujer nativa americana que envió al escenario para leer la denuncia de Brando por el trato a los indígenas en el cine y en la vida real ni siquiera tocó el premio. El actor Roger Moore lo retuvo en el escenario y se lo llevó a casa con él; más tarde, la Academia envió a alguien a recogerlo. Cómo ese Oscar se cruzaría con la estatuilla al Mejor Documental, que faltaba, es solo otra capa en la leyenda de los Premios de la Academia. ¡Puro entretenimiento!

El primer rechazo al Oscar fue el de Dudley Nichols, el guionista de la película de 1935 The Informant. Estaba dando a conocer sus sentimientos sobre la negativa de la Academia a reconocer a los sindicatos como el gremio de guionistas. Dos veces, según cuenta la historia, la entidad le envió su trofeo, y dos veces él lo devolvió. Lo aceptó unos años más tarde, después de que los agentes federales reconocieran al gremio.

Fue la ceremonia en sí lo que repugnaba al actor George C. Scott: “Un desfile de carne de dos horas, una exhibición pública de suspenso artificial, por razones económicas”, la llamó. Cuando su nombre fue anunciado en el escenario por la presentadora Goldie Hawn por su interpretación de 1970 del general de la Segunda Guerra Mundial en Patton, Scott estaba en Nueva York, viendo un partido de hockey sobre hielo antes de acostarse. El productor de la película lo aceptó en el escenario y lo devolvió a la Academia según los deseos de Scott (quien le dijo una vez a TV Guide que había pedido que enviaran su Oscar al Museo Patton, en el desierto de California, donde el militar hacía maniobras de tanques, pero nunca se puso por escrito).

En 1982, The Times escribió que Scott finalmente se había presentado a la ceremonia (no estaba nominado) y fue descubierto por un infatigable columnista de Variety, Army Archerd, quien le gritó: “Tu Oscar te está esperando en la Academia! ¡Wilshire y LaPeer!”.

¿CUÁNTO VALE UN OSCAR?

Hasta un millón y medio de dólares fue el precio que pagó Michael Jackson por el Oscar a la Mejor Película de Lo que el viento se llevó.

O hasta un dólar. Desde 1950, los ganadores han tenido que acordar por escrito no vender al hombrecito en el mercado abierto sin antes ofrecérselo a la academia por $1. Durante un tiempo, el precio parece haber sido de $10, pero se fijó $1 como una cantidad incuestionablemente simbólica.

Esto estropeó los planes de los herederos de los ganadores del Oscar y otros. La actriz Vivien Leigh ganó dos premios, y uno por Un tranvía llamado deseo, pero fue robado de su casa en 1951. Su primer Oscar por Lo que el viento se llevó, el que su familia puso a subasta en 1993, y se vendió por un récord de $510.000 dólares. El premio a la Mejor Actriz de Joan Crawford, por la película de 1945 Mildred Pierce, se vendió en 2012 por $426.732 dólares.

En 1999, Michael Jackson compró el Oscar a la Mejor Película por “Lo que el viento se llevó”, en una subasta por un récord de $1,54 millones de dólares. El rey del Pop murió inesperadamente 10 años después, y el Óscar que presumiblemente brillaba en algún lugar del rancho Neverland, de Jackson, desapareció antes de que sus deudos pudieran subastarlo. Otro desaparecido en acción.

Sin embargo la Academia decidió que incluso los Oscar más antiguos podían caer en su categoría de recompra de $1 si los primeros ganadores seguían siendo miembros de la Academia después de 1950 y aún podían estar sujetos a las nuevas reglas.

Ha habido algunos casos judiciales poco apetecibles para el público. La Academia pudo evitar que Beatrice Welles, la hija del actor y director Orson Welles, en apuros financieros, vendiera el Oscar de su padre por el guion de Citizen Kane durante un tiempo, pero al final, la mujer se salió con la suya.

A los herederos de la segunda esposa de Buddy Rogers -actor y músico, y tercer esposo de la pionera actriz muda Mary Pickford- se les prohibió vender la estatuilla a la Mejor Actriz obtenida Pickford en 1930, a pesar de que las ganancias se destinaron a obras de caridad. Un juez determinó que ese premio pertenecía a la academia bajo la regla de primera negativa.

En 2006, un casino en línea puso fin a la regla de no-venta. En lugar de ello, compró un contrato de arrendamiento de 999 años sobre el Oscar a la Mejor Banda de Sonido de 1960 ganado por el compositor Morris Stoloff, gracias a Song Without End. La compañía canadiense quería enviar al Oscar de gira con un espectáculo itinerante de curiosidades, como la prueba de embarazo de Britney Spears y el cálculo renal de William Shatner, exactamente el tipo de explotación cursi que las reglas de propiedad de la Academia pretendían impedir.

Solo una vez, según el conocimiento de todos, un ganador real del Oscar vendió su estatuilla, y en esa ocasión la Academia sabiamente retrocedió en lugar de ir a los tribunales contra un veterano discapacitado de la Segunda Guerra Mundial. Ese ganador fue Harold Russell, quien perdió ambas manos en la guerra e interpretó a un soldado que regresaba a casa en la Mejor Película de 1946 The Best Years o Our Lives, acerca de los militares que vuelven de un conflicto armado.

Russell ganó el Oscar al Mejor Actor de Reparto y un Oscar especial “por brindar inspiración y esperanza a los veteranos”. En 1992 vendió el trofeo para pagar las facturas médicas de su esposa. Rechazó la oferta de la Academia de un préstamo sin intereses a cambio del Oscar porque dijo que temía poder pagarlo.

La subasta le dio $55.000 (se dijo que Lew Wasserman lo compró y lo donó a la Academia, lo cual hizo el director Steven Spielberg para dos de los Oscar de Bette Davis y uno de Clark Gable, escribiendo cheques por algo así como $1.3 millones para mantenerlos en manos de la entidad).

En una mañana de sábado de primavera de 2007, en una casa de dos pisos en Hollywood Hills, en medio de la cristalería y la porcelana a la venta, allí estaba, una placa adornada con un Oscar otorgada a Joseph Schildkraut como Mejor Actor de Reparto, en 1937, por su interpretación del perseguido oficial del ejército francés Alfred Dreyfus, en La vida de Emile Zola. Su viuda lo vendía por $150.000, pero incluso los compradores más dedicados no tenían esa cantidad de efectivo. Entonces, el Premio de la Academia de Schildkraut terminó vendiéndose en una subasta, en 2013, por $92.866.

Las estatuillas que se ven en el escenario durante la ceremonia están en blanco; nadie puede echar un vistazo entre bastidores para ver quiénes serán los ganadores hasta que se abran esos sobres. Luego, en el Baile del Gobernador, los ganadores llevan sus premios a una estación instalada en el salón de baile donde se colocan placas pregrabadas con los nombres y detalles de los ganadores en los espacios en blanco.

Hay mucho énfasis en el secreto y la precisión en los grabados de los Oscar. En 1938, cuando Spencer Tracy ganó los honores al Mejor Actor por Boys Town, accedió a donar el premio al hogar de Nebraska para niños desamparados si la Academia le enviaba un reemplazo. Así fue: recibió uno grabado con la leyenda Mejor Actor: Dick Tracy.

CON INFORMACIÓN DE ANSA

TV &SHOW/ Rondero’s Medios

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