De recuerdos presentes: ALGUNAS MARGARITAS Y SUS FANTASMAS

En ALGUNAS MARGARITAS Y SUS FANTASMAS (Editorial Penguin Rangom House), la autora mexicana Paulette Jonguitud da cuenta de una madre que busca a una muchacha para casarla con su hijo. Por supuesto, la candidata debe cumplir con ciertos requisitos, uno fundamental en este caso es que esté muerta ya que su hijo lo está también y necesita compañía, de lo contrario seguirá viniendo a visitarla para robarle los recuerdos. No debe ser difícil encontrar a una novia así, en un país donde lo que sobra son cadáveres de muchachas.

 Óscar es fotógrafa. Su hermana gemela acaba de morir, consumida por el cáncer y el miedo. Para lidiar con su ausencia, se vuelca en un proyecto fotográfico: hacer los retratos de dos hombres muertos hace mucho tiempo, Joseph Merrick y Alan Turing. ¿Es posible tomar la fotografía de un fantasma?, ¿es posible fotografiar a una persona sin afantasmarla?

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DE LA AUTORA:

Paulette Jonguitud (Ciudad de México, 1978) es autora de la novela Moho (FETA-Conaculta, 2011), publicada en Reino Unido por CB Editions en 2016 como Mildew; escribió el libro de misterio para niños El Loco del Martinete (2013), publicado en México y España por Edebé y el libro de cuentos Son necios, los fantasmas, (DGP-Conaculta. 2016). Fue artista residente en la MacDowell Colony y becaria de la Fundación para las Letras Mexicanas y del Fondo Nacional para la Cultura y las Artes COen su programa Jóvenes Creadores.

 UN FRAGMENTO:

 “Llueve y a ella no le importa mojarse, llueve y el pelo se le pega a las cejas y a la nariz. El agua le escurre entre los senos y a la madre no se le ocurre entrar a la casa; está en el jardín y con unas tijeras de podar trata de liberar las margaritas de la maleza.
Se mueve en espasmos, tiene frío, sus manos resbalan y se atoran con las ramas que le hacen cortes diminutos entre los dedos, sus pies descalzos trastabillan y se pierden por momentos en el lodo. Del cuello le cuelga un viejo estetoscopio, recuerdo de sus días de enfermera. Respira a saltos, respira a gritos, respira como si no supiera respirar, pero sigue con las tijeras entre los dedos aun cuando le duele el nacimiento del pulgar de tanto apretar el mango. Habla con alguien.
No está sola.
Tras ella, un hombre que la mira; es un hombre alto y con la espalda ancha, una barba espesa le cubre el cuello y casi toda la cara, sus ojos son grandes y se les nota el vacío. Está cubierto de cal como si lo hubieran espolvoreado, cal sobre el cabello, cal en las orejas, cal en los hombros, cal hasta en los bolsillos. La lluvia no lo moja y él levanta los brazos hacia el agua, se talla el cuerpo como para quitarse la cal, eleva las palmas para recoger el agua que no se detiene entre sus manos, abre la boca pero nada entra, se frota los muslos y los brazos y la panza, pero el agua sigue sin mojarlo. Se pone de rodillas y acerca la cara al charco que se forma a los pies de la madre, se inclina más y más y mete la cara en el charco: no se moja, la cal sobre su rostro está tan seca como antes.”

CON LETRA GRANDE

TV&SHOW / Rondero’s medios

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