ROMEO Y JULIETA

Desde hace más de 400 años, escrita probablemente entre 1595 y 1597, Romeo y Julieta, de William Shakespeare, es representada en teatros y ha sido adaptada al cine en numerosas ocasiones.

Esta es una magnífica oportunidad –bajo el sello de Clásicos B, 201 páginas) de redescubrir una trama universal ubicada en la bella Verona, donde dos familias, los Montesco y los Capuleto, se pelean sin considerar las consecuencias de un odio inexplicable: hombres, mujeres, sirvientes de uno y otro bando se demuestran el desprecio mutuo en las calles.

La joven Julieta, hija de los Capuleto, cumple quince años. Su padre le organiza una fiesta y su madre y su nodriza la preparan para el matrimonio. Protegido por una máscara, el joven Romeo Montesco participará en la fiesta organizada de los Capuleto. Allí conocerá a Julieta y quedará fascinado con su belleza hasta el punto de no podedr contener su amor a pesar de las obligaciones familiares.

De acuerdo con Gabriela Margall, “El sol en el oriente, la que todo lo ilumina, Julieta quedará enamorada también de Romeo y deberá elegir entre sus obligaciones de hija y su amor de mujer. El primer amor y su fuerza. El amor como descubrimiento y verdad absoluta, el amor que sorprende y no entiende razones”.

A contramano de las obligaciones, de la herencia, de lo aprendido El amor que irrumpe, se abre camino y corre escondido pero que amenaza explotar y hacerse visible. ¿Hasta dónde llegarán los lazos familiares y sus odios heredados?

ROMEO.- ¡Un beso! ¡Adiós y me voy! (se va por la escala)

JULIETA.-¿Te vas? Mi señor, mi dulce dueño, dame nuevas de ti todos los días, a cada instante. Tan pesados corren los días felices, que temo envejecer antes de volver a ver a mi Romeo.

ROMEO.- Adiós. Te mandaré noticias mías y mi bendición por todos los medios que yo alcance.

JULIETA.- ¿Crees que volveremos a vernos?

ROMEO.- Sí, y que en dulces coloquios de amor recordaremos nuestras angustias de ahora.

JULIETA.- ¡Por Dios! ¡Qué negros presentimientos alberga mi alma! Parece que te veo difunto en una tumba. Aquel es tu cuerpo, o me engañan los ojos.

ROMEO.- Pues también a ti te ven los míos pálida y ensangrentada. ¡Adiós, adió! (Se va).

JULIETA.- ¡Oh fortuna! ¡Fortuna! La humanidad te acusa de inconstante. Si inconstante eres, ¿qué tienes que hacer con Romeo, cuya lealtad es notoria? Sé inconstante, fortuna; pues que así alimentaré la esperanza de que no lo retendrás largo tiempo, volviéndolo a mi lado.

Por Roberto Rondero/ Rondero’s Medios

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