LOS ANGELES.– De la caja de un supermercado en Puerto Rico al podio del Super Bowl LX, su trayectoria cuenta una de las ascensiones más sorprendentes y simbólicas de la música contemporánea. El mundo lo conoce como Bad Bunny o, como lo llaman al sur del Río Grande, «El Conejo Malo», un nombre nacido por casualidad, a partir de una foto de infancia en la que el pequeño Benito Antonio Martínez Ocasio, con gesto adusto, aparece disfrazado de conejo.

De esa imagen doméstica y divertida surgió una marca global que, en pocos años, se convirtió en el rostro más reconocible de la música latina.
Seis premios Grammy -tres de ellos en la última edición— por Debí tirar más fotos, el primer artista con un álbum íntegramente en español en ganar el Grammy a Álbum del Año: los últimos diez años de Bad Bunny están hechos de récords.
Veinte mil millones de reproducciones en 2025, único artista en el mundo en encabezar cuatro veces el ranking de escuchas de Spotify.
Hijo de un camionero y una maestra, Ocasio irrumpe en 2016 con el tema Diles, que lo convierte en el rey de un estilo emergente en la isla, el latin trap. Para el joven que embolsaba compras y perseguía sueños, desde entonces todo se acelera.
Seis álbumes como solista después, Ocasio es algo completamente distinto: una estrella impredecible, elegante y políticamente activa. A sus 31 años, Bad Bunny es el músico más importante de su generación -la misma, por cierto, del nuevo alcalde de Nueva York, Zohran Mamdani-.
Un activista sin miedo que desafía a Donald Trump en defensa de los migrantes y combate la gentrificación de su isla: en el escenario del Super Bowl llevó la bandera de Puerto Rico, durante años prohibida, con el azul claro como homenaje a la independencia.
El éxito no se detuvo en la música. Bad Bunny incursionó en la lucha libre, actuó en películas como Bullet Train y colaboró con marcas de moda, desde las zapatillas Adidas hasta Crocs y la ropa interior de Calvin Klein.
Presencia habitual de la cultura pop global, es fluido en cuestiones de género y durante un tiempo mantuvo una relación con Kendall Jenner. En 2022 apareció vestido de mujer en la portada de Harper’s Bazaar.
Y, sin embargo, cuanto más grande se vuelve, más local permanece Benito. Como cuando, para no exponer a sus fans a las amenazas del ICE, canceló sus conciertos en Estados Unidos para ofrecer una serie de 31 shows en San Juan. Su música es un diálogo con las raíces: salsa, reguetón, trap, dembow y bolero conviven con ritmos tradicionales puertorriqueños como la bomba y la plena.

Esa tensión entre lo global y lo local se hizo evidente en el escenario del Super Bowl, donde el half time show mezcló tradición y contemporaneidad con la presencia de Ricky Martin y un fragmento de Gasolina, en homenaje a quienes le abrieron el camino.
CON INFORMACIÓN DE ANSA
TV&SHOW/ Rondero’s medios


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