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Un catálogo de parafilias ilustradas en “PERVERTIDOS”

Obviando la doble moral imperante que nos impide mostrar públicamente nuestras inquietudes privadas, PERVERTIDOS (Ediciones Traspiés, 94 páginas, distribuido por Lecturalia), Alberto Olmos, Juan Carlos Márquez, David Roas, María Zaragoza y Fernando Ciemot, entre otros, invitan a las y los lectores a compartir una colección de relatos e ilustraciones en la que, al contrario de lo que sucedía en la obra del Marqués de Sade, la obsesión ya no se ejerce contra sino con el otro, donde a veces el daño se provoca para compartir el goce y en la que no se tiende tanto a usar al otro como a buscar a medias el placer.

Para Sergi Bellver, “el pervertido no siempre ejerce su obsesión contra sino muy a menudo con el otro; no siempre intenta reparar o vengar un daño o un trauma sino a veces compartir un goce; o no siempre tiende a cosificar al otro sino a buscar con él y a medias su placer. El perfil de los “pervertidos” es diverso y, si bien la búsqueda de determinada escenografía y de cierta sensación de riesgo o de control suele estar presente, los hay atormentados o neuróticos, pero también satisfechos y refinados. Y esa es la senda que en este libro nos ha apetecido seguir, la delos Pervertidos encantados de haberse conocido y, sobre todo, de conocer  a otros con los que poder jugar al deseo con sus propias reglas”.

“No se nos escapa -agrega Bellver-, la atomización de parafilias en nuestro tiempo, gracias sobre todo a millones de páginas que en Internet sirven pornografía a la carta. Por “rara” que pueda parecer una parafilia -y disculpen el pleonasmo-, seguro que encuentra su canal temático, libre o de pago, en la red: desde el napping tushy -chicas que lamen con dedicación y alevosía el ano de otras chias que, “inocentes”, se echan la siesta -a las mil u una maneras de atar a una colegiala japonesa hasta hacerla chillar como un hámster -pero con el vello público pixelado, que todo tiene un límite para el pudor nipón-.

COCINA DE AUTOR-Victoria R. Gil:

Te comería entera.

No quisiste creerme, aunque lo dijera cada vez que mi boca te bebía desde el cruce de tus piernas.

Velo de empeines, bocas en racimo, vientre confitado. 

Me creías poeta. Tú imaginabas metáforas, yo, pechos en salmuera.

Léeme tus versos, pediste un día. Y el mordisco se ajustó, preciso, a tus pezones.

Teresa deconstruida, titulé el poema.

Corazón de frutos rojos, lecho de nalgas, muslos en carpaccio.

La rima fue torpe, lo sé, pero a cambio, aún llenas mi despensa.

CON LETRA GRANDE

TV&SHOW / Rondero’s Medios

 

 

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