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A DONDE TÚ VAYAS, IRÉ

Cuatro años de investigación y narrativa le llevó a la escritora Victoria Dana –hija de inmigrantes sirios, nacida en la Ciudad de México- concluir su novela A DONDE TÚ VAYAS, IRÉ (Editorial Lumen, 287 páginas), un sólido relato inscirto en la tradición de las grandes historias que acercan a las y los lectores al Medio Oriente, repleto de cosmovisión bíblica.

CON LETRA GRANDE, de TV&SHOW, conversó con Victoria Dana (Las palabras perdidas fue su primera novela) describe en A DONDE TÚ VAYAS, IRÉ, un retrato pormenorizado de la comunidad judía en Damasco a principios del siglo XX y su repercusión en México, un país tradicionalmente hospitalario.

TRADUCCIÓN SIMULTÁNEA

Dana, tu novela tiene tantos nombres y referencias que, a manera de prólogo, incluiste un árbol genealógico de Abdo Rahmane y Latife Rahmane…

-Es un árbol genealógico que ayuda a los lectores, como si fuera una traducción simultánea y así no perderse en nombres, así como incluyo un glosario de palabras . Me ayudó mucho la investigación de diarios ingleses y franceses, descubrí otro mundo. En esta novela era muy importante ahondar en la violencia de género. En Siria, por ejemplo, no se acostumbra una relación. Se sigue practicando la ablación en las mujeres, al igual que en países africanos. Latife, la niña de ocho años que vive con sus padres en Damasco, tiene una complicidad con los lectores, representa el cambio y la exigencia, quien tras la repentina muerte de su madre y el abandono de su padre, la suerte le depara ser acogida en la casa de un rico benefactor. Latife también vive un matriarcado, observa cómo va cambiando el mundo, pero ella tiene una frase de vida: “La suerte no me va a hacer a mí, yo voy a ser a la suerte”.

-¿Quedaste satisfecha con tu novela?

-Sí, sin duda. Las respuestas hasta ahora me dejan satisfecha, deseo que lean esta novela en el que se combinan deseos, sueños, la construcción de un mañana.

…”A pesar de la gran felicidad que le provocaba su embarazo, y mientras volvía a palpar la protuberancia, la incertidumbre la asaltaba. Soy una mujer vieja, durante años seca, una estéril; pero ahora Dios me ha concedido esta alegría: siento el alma que late dentro de mí. ¿Mi cuerpo cansado será suficiente refugio? ¿Podré sostener a este pequeño mientras mi vientre se hincha? ¿A mi edad tendré fuerza para traerlo al mundo? El miedo la acompañaba de día y de noche. ¿Y si este hijo mío no es del agrado del Señor? ¿Si cobijado en mi cuerpo no lograr sobrevivir? Varias veces soñó las terrible y largas horas del parto, la sorpresa y el desencanto de la comadrona al arrancar por la fuerza de sus entrañas a un niño hermoso, pero muerto, que en su pesadilla se mudaba en un hijo incompleto, un monstruo sin ojos, sin manos ni pies.

…”Yo no tengo papá, pensaba. Nos regaló. ¿Así, tan fácilmente se regala a los hijos? Como si fuéramos animales. Pero no, nunca he visto que nadie regale una gallina, mucho menos una vaca o un cabrito, ni siquiera un perro. Para ese señor que ya no es mi papá somos como los perros que todos patean al pasar. Nadie que yo conozca ha regalado a sus hijos, ni la señora Bulín, que no tiene marido y cuida de ocho que apenas puede alimentar”…

CON LETRA GRANDE

Rondero’s Medios / Por Roberto Rondero

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