Últimas notas

BAUDOLINO

De las contadas excepciones en que tanto lectores como críticos se ponen de acuerdo en el valor intemporal de una obra, tanto como escritor de novelas como de ensayos, a tal grado que sin él los índices de lectura de los últimos 25 años habrían sido mucho menores, la muerte de Umberto Eco a los 84 años, deja como legado “Baudolino”  (Editorial DeBolsillo, 636 páginas), que, a decir de Mercedes Monmany, de la ABC, “Es la novela más lúdica, rebosante de humor, fantasía y libertad absoluta escrita por Eco”.

Nacido en Alessandria (Piamonte, 1932), Umberto Eco fue catedrático de semiótica y director de la Escuela Superior de Estudios Humanísticos de la Universidad de Bolonia y como narrador en 1980 sorprende a propios y extraños con “El nombre de la rosa”, llevada al cine con gran éxito, a la que siguieron novelas como “El péndulo de Foucault”, “La isla del día de antes” y ensayos como “Obra abierta”, “Apocalípticos e integrados”, “La estructura ausente”, “Tratado de semiótica general”, “Lector in fábula”, “Semiótica y filosofía del lenguaje”, “Los límites de la interpretación”, “Seis paseos por los bosques narrativos” y “Kant y el ornitorrinco”.

             SU CUARTA NOVELA

En sus notas al margen de la traducción, Eco dejó valiosos apuntes de “Baudolino”, su cuarta novela: “Leo Baudolino y pienso inmediatamente en el paso del Tratado de semiótica general donde se dice que la función de la semiótica es explicar la mentira. Pero también hay mucho de Arte y belleza en la estética medieval, de “Las poéticas de Joyce”, del “Segundo diario mínimo”. En cambio, de “El nombre de la rosa”, no; por lo menos, no me lo parece; allí es estilo era alto, mientras que aquí es bajo, no hay latín…

“Sí, es verdad, el primer capítulo tiene un lenguaje inventado, pero es un ejercicio lúdico, no es un ejercicio filológico. Y de ahí se derivan las dos almas del libro, por una parte, el diálogo elevado, directamente con Nicetas Coniates, e indirectamente con las crónicas de Villehardouin, con las disputas medievales, con Rabelais, con el Pseudo Dionisio Areopagita, con Rudel. Por la otra , el diálogo “llano con el lector,, donde incluso la cita culta es invención de Baudolino, que es un campesino, un pícaro que habla con su buen piamontés alejandrino, y se rodea de mercaderes genoveses.

Para Eco, “el trabajo de la traducción suele realizarse en los límites de la lengua (y de la cultura) para adaptarla, para hacer que refleje algo que le es ajena, para enriquecerla. Eco ha necesitado inventar una lengua, así que me tocará inventarla también a mí, pero la invención de la lengua debe extenderse, no puede limitarse al primer capítulo, porque, al fin y al cabo, los elementos de piamontés o de genovés los entienden pocos en Italia”.

“El juego –apunta Eco- está entonces en recrear la sonoridad del original; no consiste en escribir en un español medieval, sino en una lengua vehicular que podía escribir alguien como Baudolino, nacido en la niebla de la llanura padana”…

Por Roberto Rondero / Rondero’s Medios

 

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: