Con Letra Grande

AYOTZINAPA, horas eternas

Podrán escribirse muchos libros sobre Ayotzinapa, pero el de Paula Mónaco Felipe (Ediciones B, 251) es único porque esta periodista argentina de 38 años, se quedó sin padres desde que tenía 25 días de nacida porque la Junta Militar argentina se los llevó y no volvieron a aparecer.

En “Ayotzinapa”, que incluye más de cien entrevistas y numerosas fotografías de cada uno de los normalistas desaparecidos, las horas eternas se acumulan y dan cuenta de la propia búsqueda de Mónaco, no la de la verdad histórica, sino de una indagatoria que dé cuenta de los 43 normalistas desaparecidos cuya noticia le ha dado la vuelta al mundo.

En un relato trepidante de las horas y minutos de angustia, terror y zozobra, Paula Mónaco Felipe da cuenta de una pesadilla que no termina y de una masacre que deja a México desamparado de justicia, derechos humanos y del reproche mundial…”Buki mira el cielo y piensa que es un mal presagio. A lo lejos los relámpagos estallan furiosos. Rayas blancas, eléctricas, son puñadas que se clavan en la tierra. Van por la carretera Tixtla, Iguala, hacia el lugar de la tormenta”.

“Está nerviosos como los demás, unos 20 0 25 estudiantes a bordo de un microbús que sólo tiene 17 asientos. En Ayotzinapa todos los estudiantes querían subir; eran 70 en la fila, pero sólo entraron quienes llegaron primero. No había más que dos camionetas Nissan Urvan y la urgencia de salir porque sus compañeros pedían auxilio.

“Avanzan a toda velocidad por caminos sinuosos y rotos en algunos tramos. Pasan muy cerca de varios ríos pero no frenan: faltan 130 kilómetros y cada instante cuenta.

-Los tienen acorralados todavía! ¡Apúrale, güey! –reclaman al conductor-.

Tensos, guadan silencio. En Guerrero es peligroso transitar por carreteras durante la noche, y más aún en esta zona de paso de cargamentos de droga, por donde bajan mariguana y pasta de heroína desde las montañas. Pero eso ahora casi no les preocupa. Piensan en sus compañeros. Sólo saben que la policía atacó y al parecer hay un muerto. ¿Por qué ¿Por qué?, preguntan agobiados. La información llega a cuentagotas a través de las llamadas telefónicas.

Por Roberto Rondero / Rondero’s Medios

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