“Naturaleza muerta”, primera obra del poeta Ernesto Flores de Anda

El escritor jalisciense ERNESTO FLORES DE ANDA, de 34 años, es un creyente ferviente de la complicidad con las palabras, de transferir las inquietudes, emociones y percepciones personales, del corazón al papel, prueba de ello es su primera obra formal NATURALEZA MUERTA, publicada bajo el sello Caligrama, de Penguin Random House.

Poeta por los cuatro costados, FLORES DE ANDA comparte su pasión en su primera obra formal NATURALEZA MUERTA, poemario cuyas páginas están repletas de animales, insectos y plantas, y también de alusiones a la épica griega literaria. Sus versos son sencillos y deslumbrantes y construyen un bodegón pictórico en el que conviven imágenes de elementos que representan a la vida y a la muerte.

Ernesto se ha forjado a sí mismo como escritor, experimentando con sus propios sentimientos y vivencias, devora arte sin saciarse. Sus momentos más ricos y brillantes, así como los más desgarradores y sensibles, vieron la luz en una biblioteca. Y es a través de su pluma que ha logrado reseñar la vida. Las praderas llenas de asientos amarillos en el verano jalisciense; las violetas, los caballos, los nopales, las estrellas y los álamos de los ríos.

Pero también ha fluctuado en los extremos, pues tanto de manera introspectiva como abierta, ha desentrañando descarnadamente el misterio de la muerte; con sus constantes de oscuridad, dolor, ausencia y silencio. Escribe poesía desde hace más de una década y su sensibilidad es tal que, esgrimiendo el verso, ha sabido describir el mundo con sus infalibles luces y sombras; con sus pecados y virtudes, con su geografía y sus cielos.

El poemario Naturaleza muerta se presenta como un lienzo barroco en donde las luces y las sombras conviven en la belleza.

HA DICHO:

“Los antiguos pintores del barroco neerlandés que en los siglos XVI y XVII retrataban alimentos y objetos inmóviles de la naturaleza con el mayor esmero posible y con toda la destreza que podría esperarse de cualquier pintor de renombre, muy pronto se apoderaron de un símbolo que en todas partes es sinónimo de la fugacidad de la vida y del lacerante recuerdo de la proximidad de la muerte: el cráneo”, cuenta el autor.

Los poemas de de Anda conforman un espacio en el que el ser humanos se relacionan con Dioses griegos, vive batallas mitológicas, y convive con objetos. De esta forma, el lector no solo lee, sino que observa lo que lee y las imágenes que acompañan.

Así, De Anda le escribe a Ulises, a Apolo y Afrodita, a la vez que atiende a los búhos, el cactus o el jarrón de flores, y lo hace apoyándose de lleno en la belleza: “No hay naturaleza muerta./ Este búcaro con rosas/ pulula, aunque yo advierta/ que se mueren silenciosas», dicen un poema. A la manera de un lienzo barroco, las luces y la sombras se alían para hablar de lo clásico, “pero de forma accesible a todo público, profano y exigente“, dice el autor, que define su poesía como algo “telúrico y urgente”.

Al mismo tiempo, analiza la época actual para la composición poética y afirma que “el hecho de que en la edad presente no tenga mucha repercusión no obedece a que exista un vacío espiritual en el corazón de las sociedades modernas, sino a que la poesía que se hace en nuestros días o bien está llena de cierto patetismo íntimo del que muchos lectores sensatos de mi generación huyen, o bien es incapaz de comunicarse con el lector como consecuencia de un lenguaje deficiente”.

POR ÓSCAR VELÁZQUEZ

TV&SHOW/ Rondero’s Medios

Butes, el canto de las sirenas

El canto de las sirenas es más que una leyenda de la mitología griega, se considera una tragedia para el hombre si llega a escuchar a una bella mujer, mitad humana mitad animal, entonando una melodía alucinógena para doblegar su espíritu. Quignard retoma éste acontecimiento que ha existido a lo largo de la historia de la humanidad en BUTES (Pascal Quignard, Editorial Sexto Piso, Tercera Edición, 2019, 93 páginas), donde narra la vivencia de un marinero seducido por las sirenas cuando viajaba con otros colegas en navío, en alta mar, sin embargo él es el único que cae ante los sonidos de las brujas de mar por no protegerse, pero logra sobrevivir pagando el precio por haber escuchado la sinfonía enigmática.

Es bien sabido que Quignard es autista y lo ha utilizado como una virtud en sus diferentes ensayos dándole incomparables rasgos a cada libro creado por él; en Butes busca entender cómo un hombre puede ser abatido por un canto en particular. El escritor indaga, con tintes psicoanalíticos, cómo los primeros sonidos que el ser humano escucha en su infancia pueden estar relacionados con sus primeros recuerdos al moldearse en sus pensamientos. Esos sonidos primarios difícilmente se pueden interpretar con palabras, pero eso no significa que pierden valor con el tiempo para el sujeto, siguen ahí y se pueden evocar.

Al evocar esos recuerdos con las melodías, en este caso el canto de las sirenas, los marineros son atraídos por las efigies ya mencionadas. La canción emitida es fuerte y clara, sin embargo es un sutil susurro para el inconsciente de quien lo registra y tiene sentido para él. El escritor francés cuestiona si la supuesta “tragedia” se le puede considerar de esa manera porque postula a la música emanada por las féminas no como una maldición o un castigo para el hombre sino como una liberación de sus ataduras conscientes, ésa conciencia impuesta al nacer por la sociedad es su verdadera tragedia.

La desgracia del varón no viene de parte de un canto mágico creado por una ninfa de mar, viene de sus entrañas, de su insatisfacción por su deseo reprimido inconcluso.

 ¿Entonces, la mujer es una sirena salvadora o una devoradora asesina de hombres? A lo largo de la historia a la mujer se le ha vinculado con todo tipo de desgracias antiguas y hasta la fecha sigue siendo un estigma tener a una mujer en un espacio con poder político, económico o social aunque su homólogo, el hombre, no lo haya hecho nada bien.

Pascal Quignard redacta un buen ensayo sobre el canto de las sirenas y el influjo que tiene sobre sus oyentes y toma como referencias algunos aspectos del psicoanálisis para ello. Pareciera que el escritor francés busca redimir a la mujer y responsabilizar al hombre por sus demonios acumulados en su mente.

ALGUNOS DATOS:

  • Quignard toma otras referencias melódicas para comparar el canto de las sirenas, por ejemplo coteja  el sonido de la lira de Orfeo para demostrar cómo, sin importar la armonía, puede influenciar en alguien, no importa que la música sea bella o grotesca.

Por Saelim Fernando

CON LETRA GRANDE / TV&SHOW