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LA CHOCOLATERÍA MÁS DULCE DE PARÍS

La vida es dulce como se demuestra en LA CHOCOLATERÍA MÁS DULCE DE PARÍS (Ediciones B, 383 páginas), libro escrito por la escocesa de 44 años Jenny Colgan (Encuéntrame en el Cupcake Café), una conmovedora historia de una pequeña chocolatería de París, repleta de apetitosas recetas.

“Este libro debería ser devorado de una sola vez, junto con una caja de bombones”, “Hará que tengas ganas de hacer las maletas y viajar a la Ciudad de la Luz. Un placer dulce y evocador, ha escrito Jojo Moyes, mientras que Cosmopolitan ha reseñado: “Más dulce que un caramelo…Hemos devorado cada página”.

Y es que mientras amanece sobre el Point Neuf y las callejuelas de París cobran vida, Anna Trent ya está despierta y trabajando, mezclando y revolviendo el mejor chocolate, el más suave y más delicioso, elaborado artesanalmente y apreciado por las grandes damas de París…

Un mundo muy diferente del de la fábrica de chocolate en que trabajaba en su ciudad natal del norte de Inglaterra. El cambio ha sido posible gracias a su reencuentro con Claire, su profesora de francés, quien le ofreció la oportunidad de su vida: trabajar en París con Thierry, su antiguo novio, un maestro chocolatero.

Cargando con antiguas heridas, Anna se dispone a descubrir más cosas sobre el auténtico chocolate, sobre Claire y Thierry –y sobre ella misma- de lo que jamás había soñado.

…”Curiosamente, fue en parte por fastidiar a mi madre y su escasa confianza en mi capacidad de abrir los ojos que me esforcé en hacerlo. Tras un breve parpadeo, apareció ante mi vista la silueta de la persona que yo sabía que había estado sentada a los pies de la cama (maldita la gracia), y luego vi dos figuras que me resultaban tan familiares como mis propias manos.

“Distinguí el pelo castaño rojizo de mi madre, que ella misma se tenía en casa pese a que Cath se había ofrecido a hacérselo en la peluquería casi gratis, por más que mi madre lo considerara un precio extravagante (también pensaba que Cath era una mujer de vida alegre , y no le faltaba razón, pero eso nada tenía que ver con que fuese buena o mala peluquera, aunque es cierto que de lo primero tenía bastante poco), así que una vez al mes mi madre lucía esa especia de extraña franja de color henna en la parte alta de la frente por no haberse aclarado lo suficientemente bien”..

Por Roberto Rondero/ Rondero’s Medios

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