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MÉJICO

…Yo soy mexicano

 y a orgullo lo tengo

Nací despreciando

 la vida y la muerte

Dos historias cruzan el Atlántico con la fuerza de los tiburones en “Méjico”, escrito por Antonio Ortuño (Editorial Océano, 235 páginas); por un lado, relata sin miopías ni complacencia la aventura de los republicanos españoles que huyeron a México luego del fracaso de su causa, envueltos en riñas y venganzas que sólo terminará de maneras inesperadas. Pero también aborda la vida de uno de sus descendientes, radicado en Guadalajara, que un mal día debe huir a la vieja “madre patria” luego de sobrevivir a un ajuste de cuentas dirigido por un sindicalista corrupto.

En “Méjico” coexiste la acción y una impecable estructura literaria, que acentúa la pregunta por la identidad, y dos grupos de personajes inolvidables, que cobran vida ante nuestros ojos y reviven la historia siniestra del siglo XX.

 “MÉJICO” ES VERTIGINOSA

Autor de novelas como “El buscador de cabezas”, “Recursos humanos”, “Ánima”, “La fila India”, “El jardín japonés” y “La Señora Roja”, el escritor jalisciense de 39 años, hace cuatro años fue seleccionado por Granta como uno de los mejores narradores jóvenes en español.

Para el también escritor Jordi Soler, “En esta novela estupenda, Ortuño va y viene entre la España de la Guerra Civil y el México que llega, envuelto en una violenta humareda, al siglo XXI. Méjico con J, para llevarle la contra a Valle Inclán que adoraba la ex, es una historia sobre la espesa sombra que proyecta el árbol genealógico, una novela vertiginosa llena de personajes impagables, un viaje por ese territorio fantasmal que se llama la identidad”.

…”Se arrastró y consiguió incorporarse pese al temblor de piernas. Ganó el pasillo, se metió a la recámara principal con una valentía post mortem risible y la esperanza de encontrarlos vivos, o en realidad sólo a ella, aunque ningún ruido fuera ostensible luego de los disparos. No lo estaban, claro.

“Catalina había caído replegada, el pecho roto, los ojos entrecerrados. Derrumbado sobre el vientre de la mujer, el Mariachito lucía incluso peor: la nuca le humeaba y Omar supo intuir que su cara sería una confusión a la que no quiso asomarse. Cómo saber si el arma, olvidada en medio de los dedos de ambos, había sido empuñada y accionado por uno u otro y en el forcejeo se disparó, o si el tipo la abatió a ella primero, y , ofuscado por miedo, vergüenza o asco, se asestó un tiro después; o si ella, aunque Omar nunca supo que Catalina poseyera pistola ni llegó a tener siquiera tal sospecha y seguro que era cosa del Mariachito su aparición en escena, le voló a él la cabeza y luego, impresionada o arrepentida, se llevó el cañón a la mitad del pecho y lo accionó”..

Por Roberto Rondero / Rondero’s Medios

 

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