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EL JARDÍN OLVIDADO

Una historia a tres voces entres tiempos distintos para desembocar en un todo perfecto e impecable, se aprecia en EL JARDÍN OLVIDADO (Editorial De Bolsillo, 537 páginas), obra que lanzó a la fama a la escritora australiana Kate Morton (Las horas distantes, El cumpleaños secreto), quien acaparó las miradas alcanzando más de dos millones de ejemplares en todo el mundo, con traducciones en 38 países.

Considerada por el New York Times como el mejor bestseller, EL JARDÍN OLVIDADO oculta un terrible secreto que sale a la luz mientras una misteriosa herencia desempolvará los fantasmas del pasado.

En vísperas de la Primera Guerra Mundial, una niña es abandonada en un barco con destino a Australia. Una misteriosa mujer llamada la Autora ha prometido cuidar de ella, pero la Autora desaparece sin dejar rastro.

Años después, en la noche de vigesimoprimer cumpleaños, Nell O’Connor descubre que es adoptada, lo que cambiará su vida para siempre. Décadas más tarde, se embarca en la búsqueda de la verdad sobre sus antepasados, que la lleva a la ventosa costa de Cornualles.

A la muerte de Nell, su nieta Casandra recibe una inesperada herencia: una cábala y su olvidado jardín en las tierras de Cornualles. Aquí es donde Cassandra resolverá el misterio de una niña desaparecido un siglo atrás y descubrirá la verdad sobre su familia.

…”Más tarde, cuando su abuela volvió a perder el conocimiento, Cassandra pensó en la cruel habilidad de la mente para remover retazos del pasado. ¿Por qué cuando estaba al final de su vida, la mente de su abuela resonaba con las voces de gentes desaparecidas tiempo atrás? ¿Era siempre así? Los que tienen billete para el silencioso barco de la muerte, ¿miran siempre al muelle en busca de los rostros de los que ya han partido?

“Cassandra debió de quedarse dormida entonces, porque lo siguiente que supo fue que el ritmo del hospital había vuelto a cambiar. Se habían adentrado aún más en el túnel de la noche. Las luces de los pasillos se habían atenuado y los sonidos del sueño flotaban a su alrededor. Estaba acurrucada en el sillón, el cuello rígido y el tobillo helado al haberse salido de la delgada manta. Intuía que era tarde, y estaba cansada. ¿Qué la había despertado?”.

Por Roberto Rondero/ Rondero’s Medios

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