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LA DENTISTA DIABÓLICA

…”Alfie detestaba ir al dentista. Por eso tenía casi todos los dientes amarillos. Y los que no estaban amarillos, estaban cafés. Llevaban las marcas de todas esas chucherías que los niños adoran y los dentistas odian: golosinas, refrescos con gas, chocolate. Los dientes que no estaban ni amarillos ni cafés sencillamente no estaban. Se le había caído. Uno se le había hincado a un caramelo y allí se había quedado. Los chiclosos de sabores frutales también se habían llevado unos pocos por delante. Así quedaba el joven Alfie cada vez que sonreía…”

De esta manera el divertido relato de “La dentista diabólica” (Editorial Montena, 383 páginas), del escritor londinense de novela para jóvenes y también comediante, de 45 años, de  David. La increíble historia de “La dentista diabólica”, con entretenidas ilustraciones a cargo de Tony Ross, nos lleva a rememorar lo que en nuestra infancia provocaba un dolor de muelas.

¿SERÁ QUE NO FUE EL RATÓN?

Algo terrorífico está ocurriendo en el vecindario. Cada vez que uno niño pone un diente bajo su almohada, a la mañana siguiente, en lugar de unas monedas, aparecen regalos escalofriantes: un ala de murciélago, un ojo, una araña, una verruga. ¿Será que el hada de los dientes está haciendo un pésimo trabajo? ¿O esto es obra de una criatura diabólica? Por suerte, una nueva dentista ha llegado para librar de la caries a los niños del vecindario. ¿O tendrá otras intenciones? …”Aviso: ésta es una historia de terror. Con un montón de palabras inventadas”, advierte irónico Walliams, autor de cinco libros, con los que se han ganado el respeto del público y la crítica especializada, convirtiéndose en el autor juvenil más vendido de los últimos años en el Reino Unidos. Los simpáticos personajes de La dentista diabólica, son: Alfie, un chico con caries, el señor Griffith, papá de Alfie, Gabz, una niña bajita, la señorita Dolores de Lamuela, una dentista, Colmillo, su gata, la señorita Puri, profesora de ciencias; Winnie, una trabajadora social; Raj, el quiosquero y Agente Tarugo, un policía; el Chico del celular, un chico que no para de teclear en su celular, el señor Gris, director de la escuela, el señor Pocachica, profesor de arte dramático y la señora Morrisey, una señora mayor.

…”La oscuridad –escribe en su prólogo Walliams- se había adueñado de la ciudad. Estaban pasando cosas de lo más extrañas a altas horas de la madrugada. Antes de irse a dormir, los niños ponían debajo de la almohada los dientes que se les habían caído, esperando con ilusión que el hada de los dientes les dejara una monedad; pero cuando se despertaban a la mañana siguiente encontraban algo horrible en su lugar: una  babosa muerta por aquí, una araña viva por allá, cientos de tijeretas reptando por la sábana. O algo peor. Mucho peor”. “Alguien o algo se había metido en sus habitaciones a medianoche, se había llevado el diente y había dejado bajo la almohada un ‘regalito’ espeluznante. Había que ser muy malo para hacer algo así. Pero, ¿qué o quién estaban detrás de tanta crueldad? ¿cómo podía meterse en las habitaciones de los niños sin ser visto? ¿Y para qué demonios podía querer tantos dientes? Finalmente, la interrogante queda en el suspenso: ¿Y si tu dentista resultara ser el mismísimo demonio?

Por Roberto Rondero / Rondero’s Medios

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