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EL VIAJE MÁS LARGO

Una vez más surge el dilema de si es mejor el libro o la adaptación cinematográfica en una producción de la Twentieth Century Fox,T en “El viaje más largo” (Roca editorial, 394 páginas), escrito por Nicholas Sparks (“Noches de tormenta”, “Querido John”, “La última canción”, y “Cuando te encuentre”), de 52 años, el número 17 en su recorrido literario.

Traducido y publicado en más de 25 países, Nicholas Sparks aborda en “El viaje más largo” la historia de dos parejas cuyas historias de amor se cruzan de manera sorprendente.

         DE LA REALIDAD A LA IMAGINACIÓN…

Un hombre de 90 años se encuentra solo en una carretera nevada después de haber tenido un accidente en un paraje aislado. Consciente a ratos y en espera de que lo rescaten, aparece ante él el amor de su vida, quien murió hace tiempo.

En el espacio que separa la realidad y la imaginación, recuerdan su vida juntos: cómo superaron el trauma de no poder tener hijos; cuando se convirtieron en coleccionistas de arte reconocidos; el dolor que supuso la muerte de ella.

La historia complementaria ocurre entre una joven estudiante de arte y un cowboy. A pesar de sus distintos orígenes, se enamoran apasionadamente. Ambos tienen ambiciones y sueños que cumplir pero él, además, se enfrenta a una encrucijada: o pone en peligro su vida al seguir compitiendo en el circuito de los toros o se arriesga a perder la granja de su familia.

…”A veces me digo a mí mismo que soy el último de mi especie. Me llamo Ira Levinson. Soy sureño y judío y me siento orgulloso por igual de que me definan de una forma u otra. También soy nonagenairo. Nací en 1920, el año en que se prohibió el alcohol; el año en que las mujeres obtuvieron el derecho al voto. A menudo me pregunto si estas dos cosas determinaron cómo ha sido mi vida. A fin de cuentas, nunca he bebido alcohol, y la mujer con la que me casé hizo cola para emitir su voto por Roosvelt tan pronto como tuvo la edad suficiente. Así pues, sería fácil imaginar que el año de mi nacimiento influyó de una manera directa en mi vida.

“Mi esposa Ruth no está realmente en el coche. Lo sé. Murió hace nueve años, el día que sentí que mi vida se detenía por completo. La había llamado desde el comedor. Al no obtener respuesta, me levanté de la silla. Por entonces todavía podía desplazarme sin andadera, aunque a paso lento; cuando llegué a la habitación, la vi tendida en el suelo, cerca de la cama, sobre su lado derecho. Llamé a una ambulancia y me arrodillé junto a ella. Con suavidad la tumbé sobre la espalda y le tomé el pulso en el cuello, sin detectar ningún latido. Puse mi boca sobre la suya empecé a insuflar aire con voluntad, tal como había visto hacer en la tele. Su pecho subía y bajaba. Seguí respirando frenéticamente hasta que se me empezó a nublar la vista, pero ella no reaccionaba. La besé en los labios y en las mejillas, y la estreché entre mis brazos hasta que llegó la ambulancia”…

Por Roberto Rondero / Rondero’s Medios

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