Con Letra Grande

LOS JUEGOS DE LA VIOLENCIA

¿La violencia quebranta o seduce? Buena parte de la respuesta la tendrán alumnos y docentes de una escuela que asumirán distintos roles en “Los juegos de la violencia” (Ediciones Urano/ Puck Mix, 195 páginas, libro escrito por Ricardo Chávez Castañeda, de 55 años, premios Iberoamericano de Cuento Julio Cortázar, el Borges y el Mercosur, en el que la creatividad y la inteligencia serán requisitos irrenunciables.

En “Los Juegos de la violencia” un huésped de honor ha llegado a la escuela primaria donde estudia Chávez y en el que es maestro su padre, uno de los primeros conflictos que acarreará el hijo. Para propiciar la reflexión, la directora ha decidido implementar una nueva estrategia pedagógica cuyas técnicas son, por decir lo menos, temerarias. Durante una semana, los maestros pondrán a prueba a niños que, guiados por la obediencia y cual conejillos de indias, conocerán placeres que hasta ese instante les eran ajenos y a los que será difícil resistirse.

 VIOLENCIA EN TODAS DIRECCIONES

Antes de la semana de la violencia, explica en su introducción Chávez Castañeda, “la violencia no llegó a la escuela por Avenida Martínez Pinzón, que es donde está el portón principal, ni se aproximó por las calles laterales de Valverde y Castillo –que es donde se estacionan nuestros papás para dejarnos por la mañana y para recogernos por la tarde-, ni alcanzó el traspatio por la avenida Héroes del mes de marzo –que es donde están las canchas y donde la barda de la escuela tiene menos altura-.

“La violencia debe de haber venido circularmente por las cuatro direcciones: Martínez Pinzón, Valverde, Castillo y Héroes del mes de marzo. En la escuela nos hablan de la velocidad de la luz y de la manera ondular en que se desplaza el sonido, pero no nos dicen nada de la violencia. ¿A cuántos metros por segundo se desliza? ¿Cuál es su ruta preferida? Lo que quiero decir es que la violencia no corre en línea recta sino que se mueve en círculos. Igual que cuando se arroja una piedra al centro de círculos. Igual que cuando se arroja una piedra al centro de una laguna. La piedra se hunde con un sonoro estallido y entonces se desprenden visibles ondas líquidas que van expandiéndose hacia las orillas”.

“Con la violencia, sin embargo, sucede al revés. Las ondas no se abren sino que se cierra. Olas líquidas que se mueven en reversa de la orillas hacia el centro y cuando la última ola llega allí y se cierra, brota la piedra del fondo del agua. La violencia es entonces algo que se estrecha en nuestro derredor y que nos obliga a salir de donde estábamos escondidos. A veces salimos convertidos en piedra, es decir, petrificados de miedo”.

El autor también se cuestiona en “Los juegos de la violencia”: “¿Qué tan divertido puede ser golpear una piñata, experimentar con la electricidad, participar en un concurso de ortografía, convertirse en espectadores y protagonistas de una especie de reality show y convivir con fantasmas?”.

Por Roberto Rondero / Rondero’s Medios

 

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