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CAUSAS NATURALES

Para quienes gustan y se saborean las historias de detectives y que son fielmente adictivos a la novela negra, no perderse de leer “Causas naturales” (Editorial Oceano, 402 páginas), escrito por James Oswald, curiosamente un autor que se había instalado en la literatura fantástica.

Dicen, desde tiempos remotos, que algunos detectives tienen intuición para encontrar al culpable. El detective McLean tiene intuición para lo siniestro y es que cuando el cuerpo de una joven aparece en una habitación sellada haced décadas, McLean sospecha que tiene relación con una serie de crímenes que ocurren en Edimburgo.

ACONTECIMIENTO POLICIACO

Creador de cuatro novelas del detective  McLean, James Oswald mezcla, con un sello muy particular, la literatura realista con hechos fantástico, logrando que se vendieran 350 mil ejemplares de sus primeras dos novelas, inicialmente autopublicadas. Su segunda novela, ”El libro de las almas”, será publicada también en Océano.

“Este libro –apunta Oswald- ha estado en proceso de escritura por largo tiempo, pero no hubiera terminado en absoluto de no ser por Stuart. Él fue quien sugirió que yo dejara de escribir literatura fantástica, e intentara escribir historias de detectives, así que en muchos sentidos es totalmente su culpa. Gracias, Stuart”.

…”Nada lo obligaba a detenerse. Nadie le había asignado ese caso. Ni siquiera estaba de servicio. Pero en cuanto vio las brillantes luces azules de la camioneta de Servicios Periciales y las barreras de contención que colocaban sus colegas, el Inspector Criminalista Anthohy McLean no pudo resistirse.

“Había crecido en este vecindario, esta zona de la ciudad donde las casas donde hallan rodeadas por amplios jardines bardeados. Los más ricos vivían aquí y sabían cómo proteger a los suyos. Era imposible ver a un vagabundo deambulando por estas calles, y siempre le pareció improbable que aquí ocurriera un crimen de gravedad- pero en este momento dos patrullas bloqueaban la entrada de una casa de grandes dimensiones, y un oficial de uniforme se encargaba de desenrollar la famosa cinta azul y blanco  a lo largo del perímetro. Mc. Lean sacó su placa y se acercó-

-¿Qué sucede?

-Ha habido un asesinato, señor. Es todo lo que me han dicho –el agente ató la cinta como pudo, y desenrollo el siguiente tramo de la cinta.

El hombre lucía casi apacible, sus manos descansaban ligeramente sobre los brazos del sillón, sus pies ligeramente separados y apoyados en el piso. Su rostro era pálido, sus ojos miraban fijamente al frente con una expresión vidriosa. Hilos de sangre negrusca se derramaban de su boca cerrada, y escurrían por su barbilla. Al principio McLean pensó que llevaba un abrigo de terciopelo oscuro. Entonces vio sus entrañas”…

Por Roberto Rondero / Rondero’s Medios

 

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