Embarazos y sobrepeso en adolescentes, alto riesgo en salud

Ante un incremento del 20 por ciento en el número de embarazos en adolescentes durante la pandemia por COVID-19 en el país, el Instituto Politécnico Nacional (IPN) advirtió que la obesidad y el sobrepeso son factores de alto riesgo en la salud de este sector de la población para desarrollar preeclampsia, que se caracteriza por la elevación de la presión arterial y el aumento de proteínas en la orina.

La investigadora de la Escuela Superior de Medicina (ESM), Rosa Amalia Bobadilla Lugo, aseguró que en México la preeclampsia se ubica entre las principales causas de muerte materna en adolescentes menores de 18 años y mujeres mayores de 40 años. “De acuerdo con estimaciones del Consejo Nacional de Población (Conapo), la cifra de embarazo en adolescentes se ha incrementado en 20 por ciento durante la pandemia, lo cual implica un riesgo mayor de padecerla para ese sector de la población”.

Explicó que durante el embarazo se presenta una tendencia a la vasodilatación generalizada que permite a la madre regular la presión arterial, pero si estos mecanismos se alteran, se favorece una vasoconstricción que eleva la presión arterial. “Las gestantes con sobrepeso u obesidad tienen mayor riesgo de presentar este trastorno hipertensivo del embarazo; la preeclampsia puede favorecer alteraciones metabólicas”.

La científica, integrante del Sistema Nacional de Investigadores (SNI) Nivel I, destacó que hasta ahora se desconoce el origen de la preeclampsia, por lo que es importante profundizar los estudios en torno a la fisiopatología, para emprender acciones específicas para su prevención y tratamiento.

La doctora del IPN precisó que cualquier aumento de más de 15 milígramos del mercurio por arriba de la presión normal de la paciente o presentar dolor de cabeza, exceso de edema en pies y piernas, visión borrosa u observar luces brillantes, pueden ser señales de preeclampsia.

Exhortó a quienes padezcan estos síntomas a buscar atención médica inmediata, para recibir tratamiento y evitar que evolucione a eclampsia (caracterizada por convulsiones seguidas de un estado de coma), lo cual implica daño multiorgánico y pone en riesgo la vida de la madre y del feto.

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IPN investiga adicción a la comida

Ante la situación que se vive en México, donde el 70 por ciento de la población padece obesidad y casi la tercera parte sufre sobrepeso, el Instituto Politécnico Nacional (IPN) realiza una investigación sobre Food craving, fenómeno caracterizado por la adicción a la comida, la cual podría marcar la pauta para prevenir estas enfermedades que representan uno de los principales retos para el sector salud.

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La especialista en psicología del Centro Interdisciplinario de Ciencias de la Salud (CICS) Unidad Santo Tomás, Delfina Marín Soto, explicó que Food craving es la adicción a la comida que desencadena el deseo irresistible por consumir un alimento en particular, el cual además de conducir a la obesidad, se presume que podría provocar alteraciones en la expresión genética.

Consideró que a pesar de las acciones emprendidas por el sector salud para reducir el índice de obesidad en México, aún no se han visto resultados palpables, por el contrario el problema crece cada día, situación que la llevó a analizar aspectos genéticos que puedan estar relacionados con el deseo irresistible por comer.

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Marín Soto mencionó que diversos estudios relacionan al consumo de comida en exceso con depresión o sentimientos de tristeza. Sin embargo –enfatizó- en México la gente come por alegría. “Tenemos un calendario del mal comer, mes con mes buscamos fechas qué celebrar y con ese pretexto ingerimos muchos alimentos saturados en grasas y carbohidratos. Lo que queremos investigar es si este ambiente obesogénico por el que estamos rodeados, contribuye a la modificación genética”, detalló.

La investigadora, quien con este proyecto obtendrá la maestría en ciencias de la salud, expuso que por factores psicológicos, sociales y culturales la alimentación en las personas se ha modificado y ahora no es una necesidad meramente fisiológica. “Al ingerir un alimento que causa placer se produce dopamina y el propio cuerpo pide ese alimento, porque es sinónimo de bienestar. Además, hay un cambio neurocognitivo orientado al deseo de comer el alimento y, por consiguiente, un cambio conductual al buscar la forma de obtenerlo”, añadió.

Señaló que a nivel internacional existen muy pocas investigaciones sobre Food craving y la que se realiza en el IPN representa una aportación importante para el sistema de salud. Añadió que el estudio incluirá a 30 pacientes con obesidad y 30 con peso normal, a quienes se les aplicará un cuestionario encaminado a detectar dicho fenómeno.

Con base en los puntajes obtenidos se les tomarán muestras de sangre para realizar estudios moleculares y establecer si existe una correlación entre las personas obesas y la expresión de los genes DRD2 (receptor de dopamina), CART (adicción a la comida), TAS1R1, TAS2R2 y TAS3R3 (receptores del gusto).

La especialista politécnica refirió que a partir de los resultados obtenidos se efectuarán propuestas para la detección de Food craving a una mayor escala. Con ello, dijo, se contaría con herramientas confiables en las que los profesionales de la salud (médicos, nutriólogos y psicólogos) podrán basarse para atender la respuesta adictiva a través de la modificación de factores ambientales y mediante modelos de terapia cognitivo-conductual.

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Explicó que esto también favorecerá la adherencia a los tratamientos para controlar el peso, ya que por desconocimiento, los médicos o nutriólogos restringen el alimento causante de Food craving, lo cual genera ansiedad a los pacientes, ya que se enfrentan al síndrome de abstinencia, lo que conduce a recaídas.

Indicó que la falta de conocimiento es uno de los principales obstáculos para detectar el Food craving. Por ello, dijo, en la medida en que se profundicen las investigaciones, se contarán con mayores elementos para contribuir a su diagnóstico, pues muchas veces se piensa que sólo se trata de un “antojo”, pero cuando esos episodios se presentan de manera frecuente y con sólo pensar en el alimento surge el deseo incontrolable por comerlo, ya se trata de una conducta adictiva.

Finalmente, Marín Soto comentó que mediante este estudio también comprobarán la hipótesis de las diferencias en la elección de alimentos. “Los varones tienen mayor inclinación por la comida salada, en tanto que las mujeres prefieren los alimentos dulces”, concluyó.

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Charlize Theron engordó 23 kilos para nuevo filme, “Tully”

NUEVA YORK.- La actriz Charlize Theron justificó haber aumentado 23 kilos para interpretar el papel de Marlo, una madre abrumada por la crianza de sus hijos, en su nueva película “Tully”, porque “quería sentir lo que sentía” esa mujer.

    “Quería sentir lo que sentía esta mujer, y creo que esa era una forma de acercarme a ella y entrar en esa mentalidad”, dijo Theron al programa Entertainment Tonight. “Sabes, fue una gran sorpresa para mí. Me golpeó en la cara bastante fuerte la depresión”, agregó la actriz sudafricana.

    “Sí, por primera vez en mi vida comía mucha comida procesada y bebía demasiada azúcar. No era tan divertido estar con esta película”.

    Theron, de 42 años, reveló que comía todo el día solo para mantener el peso puesto.
    “De repente, acabas de comer esa cantidad y luego se convierte en un trabajo”, dijo, antes de recordar que tenía que configurar su alarma en el medio de la noche para seguir comiendo.

    “Me despertaba literalmente a las dos de la mañana y tomaba una taza de macarrones con queso frío justo al lado mío”, compartió el ganador de un Premio Oscar. “Me despertaba y me lo comía… Simplemente, me lo metía en la garganta”.

    La actriz recordó que el aumento de peso fue desagradable también para sus dos hijos, Jackson (6 años), y una niña, August (2) -adoptados en Sudáfrica- quienes pensaron que estaba embarazada.

    Cuando se completó la película, llegó la más dura tarea de perder peso. Theron dijo que le tomó un año y medio en hacerlo.
 
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   “Estaba preocupada. Yo estaba como, esto está tomando mucho tiempo”, dijo. “Porque para (rodar) ‘Monster’, simplemente no comí durante cinco días y estaba bien. Tu sabes que tu cuerpo a los 27 años es un poco diferente que a los 43, y mi médico se aseguró de hacerme consciente de eso”, dijo. “Tienes 42 años, cálmate, no te estás muriendo, está todo bien”.
   
La actriz Charlize Theron aseguró recientemente que estaba considerando abandonar Estados Unidos por el bien de sus dos hijos adoptados, debido a que se siente preocupada por el racismo en el país, donde “está mucho más vivo de lo que la gente creía”.
    Separada del actor Sean Penn desde 2015, la actriz aseguró que el racismo “existe y está mucho más latente de lo que la gente creía”.

    “No lo podemos seguir negando. Tenemos que levantar nuestras voces. Hay lugares en este país en los que si me ofrecen un trabajo ahí, no lo tomaría”, continuó. “No llevaría a mis hijos a ciertas partes de Estados Unidos y eso es bastante problemático”.

    Entrevistada por la revista Elle, señaló que sólo tiene a su madre, Gerda, quien la ayuda con la crianza de sus hijos. “Soy tan afortunada de tenerla, sin ella me sentiría muy sola en todo esto”, dijo.
INFORMACIÓN ANSA
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LA GRASA NO ES COMO LA PINTAN

Un libro ideal para este inicio de año en que los deseos por bajar de peso y adquirir salud, ocuparon varias uvas en las pasadas campanadas. Pero por qué la ciencia se ha equivocado por décadas acerca de las grasas alimenticias y cómo podemos recuperar nuestra salud ¡comiendo más grasa!, es uno de los mitos, historias y realidades del alimento que tu cuerpo necesita y que desentraña LA GRASA NO ES COMO LA PINTAN (Editorial Grijalbo), de la autoría de NINA TEICHOLZ, con prólogo de David Perlmutter (Cerebro de pan).
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LA CLAVE:
Nina Teicholz demuestra cómo la dieta baja en grasa que la medicina nos ha recomendado es un experimento en la población entera con consecuencias desastrosas para nuestra salud.
Por décadas nos han dicho que la mejor dieta del mundo está libre de grasas, ¿pero qué pasaría si una dieta baja en grasas fuera el verdadero problema? ¿Y si los alimentos que hemos estado evitando son la clave para revertir enfermedades que aquejan a nuestra sociedad?

Esta narración da un giro de 180 grados a la sabiduría convencional acerca de todas las grasas con una revolucionaria premisa: entre más grasa comamos -incluyendo la saturada- mejor será nuestra salud y bienestar.

DE LA AUTORA:

NINA TEICHOLZ. Escribe sobre alimentación y ciencia de la nutrición para las revistas Gourmet y Men’s Health.  Fue periodista para la Radio Pública Nacional durante cinco años y colaboradora de The New Yorker, The Economist, The Washington Post, The New York Times y Salon, entre otras publicaciones. Fue directora asociada del Centro para la Globalización y el Desarrollo Sustentable en la Universidad de Columbia. Teicholz estudió Biología en las universidades de Yale y Stanford, y obtuvo su maestría en la Universidad de Oxford.  Vive en Nueva York con su esposo e hijos.
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SABER COMER

64 reglas básicas para aprender a comer bien aparecen en SABER COMER (Editorial Grijalbo, 166 páginas), libro escrito por Michael Pollan (Cocinar, llevado a Netflix), una guía sencilla para comer de manera inteligente.
Porque comer no tiene que ser tan complicado, argumenta Pollan: “Muchos de nosotros nos vemos obligados a recurrir a expertos de algún tipo para que nos indiquen cómo debemos comer: médicos y libros de dieta, reportajes sobre los últimos descubrimientos de la ciencia de la nutrición, consejos gubernamentales, pirámides alimentarias e incluso los envases mismos de los alimentos, que cada vez más nos informan sobre sus saludables propiedades.
FRASES:
“Puede que no siempre sigamos esos sabios consejos, pero cada vez que elegimos un plato de la carta de un restaurante o recorremos el pasillo del supermercados, oímos sus voces resonando en el interior de nuestra cabeza…donde por cierto, también almacenamos una sorprendente cantidad de bioquímica.
“Hemos llegado a un punto en que ya no es la comida lo que vemos, sino que os fijamos únicamente en los nutrientes (buenos y malos) que contiene, y desde luego también en las calorías”.
CAPÍTULOS:
Qué hay de comer? (Come comida), ¿Qué tipo de comida hay que comer (sobre todo vegetales), ¿Cómo hay que comer? (Con moderación).
ALGUNOS CONSEJOS:
*No comas nada que no le pareciera comida a tu bisabuela.
*Si te lo sirven por la ventanilla del coche, no es comida.
*Si se llama igual en todos los idiomas, no es comida (piensa en Big Mac, Cheetos o Pringles).
*Evita productos con ingredientes que un niño de primaria no pueda pronunciar.
*Sáltate las reglas alguna que otra vez.
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HAN DICHO:
“Un manual práctico que reemplazará todos los libros de dieta en tu estantería”: The New York Times.
“Destinada a convertirse en una guía de referencia para comer bien , sin necesidad de leer largos manuales sobre nutrición”: Los                                                                                                       Ángeles Times.
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