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LOS DÍAS DE EMA

Un diario siempre encierra los secretos, sueños y deseos más íntimos y profundos, así se puede leer LOD DÍAS DE EMA (B de Block, 240 páginas), escrito por Gilma Luque (Hombre de poca fe, Mondadori, 2010 y Mar de la memoria, Ediciones B, 2013).

Con ilustraciones de Juan Antonio Rodríguez Salgado, LOS DÍAS DE EMA nos dice que la felicidad siempre está ahí, sólo hace falta vivirla.

A esta adolescente de 16 años la vida le depara muchas sorpresas…”No sé qué esperar de la vida, pues no es como en las películas; es decir, ser la rara no me hace especial; no me voy a encontrar al raro que resulte estar muy guapo, no nos vamos a enamorar y ser felices hasta que llegue el momento de elegir una universidad y nuestro amor se vea amenazado por nuestros sueños.

“Imagino las últimas escenas: mi hermano me lleva al aeropuerto conduciendo a gran velocidad, pues el amor de mi vida está por irse a Estados Unidos a estudiar robótica en Yale; cuzo los controles de seguridad, perseguida por la policía, y cuando él está a punto de abordar el avión, me aviento a sus brazos y le juro con lágrimas en los ojos que lo voy a esperar siempre.

“No, así no es la vida. Este diario me lo regaló mi padre hoy. Dice que es bueno registrar y también ayudar a la memoria; es decir, que algún día encontraré en lo que escribo cosas de mí misma que habré olvidados, que es como una “caja del tiempo.

22 de diciembre

“Es terrible despertar enojado con el mundo porque no pasa lo que uno quiere. Desde que amaneció me sentí angustiada. Quiero que mi abuelo se alivie y que mi papá deje de estar amargado. Durmió en el hospital con mi abuelo y no llegó a desayunar con nosotros. Entiendo que esté desesperado por la salud de su padre, pero pierde el control fácilmente. Sería más normal que estuviera triste y no tan enojado. Mi mamá apenas probó el desayuno, aunque según ella es la comida más importante del día y es imposible que nos deje salir de casi sin comer aunque sea una manzana.

“Ya estoy de vacaciones: “Gran cosa”, como dice mi abuela cuando le contamos algo que le parece sin importancia.

-Abuela, se cayeron las Torres Gemelas.

-Gran cosa –lo dice sin quitar la mirada de los chícharos que está pelando.

Casi todo le parece sin importancia. La enfermedad del abuelo no. Se ve devastada.

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Por Roberto Rondero / Rondero’s Medios

 

 

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