Del maestro de la ficción científica Arthur C. Clarke (Inglaterra, 1901-2008) nos alcanza su libro El mundo es uno (Editorial B de Bolsillo, 476 páginas), en el que deja constancia sobre el fin de las fronteras: del telégrafo al satélite, dedicado “a los auténticos padres del satélite de comunicaciones, John Pierce y Harold Rosen”.
Clarke describe con gran claridad la historia de ese intento por disolver todas las fronteras y hacer realidad la idea de que todo está interconectado, de no hay en el universo ningún rincón asilado: el mundo es uno.
Con el nacimiento del telégrafo, en 1858, y la conexión de Estados Unidos y Gran Bretaña mediante cables de cobre a través del Atlántico, comenzó un proceso que, en apenas un siglo, ha cambiado los sistemas de comunicación hasta revolucionar por completo las relaciones entre los hombres y las naciones.
…”Nuestra civilización –escribe Clarke- no podría existir sin comunicaciones eficaces; nos resulta imposible imaginar una época en que se tardaba un mes en mandar un mensaje al otro lado del Atlántico y otro mes (si los vientos eran favorables) en recibir la respuesta. Es difícil ver cómo el comercio internacional o los intercambios culturales pudieron florecer o existieron siquiera bajo esas circunstancias. Las noticias de partes lejanas del mundo debieron de ser como la información que los astrónomos dan sobre las distantes estrellas: algo que sucedió hace mucho tiempo y sobre lo que se pude hacer nada.
“Me gustaría recalcar que ésta no es la historia de las comunicaciones submarinas. Creo que es precisa, pero no pretende ser completa. Mi objetivo ha sido, con franqueza, entretener tanto como instruir,, y como resultado me he desviado por algunos caminos curiosos cada vez que el escenario me ha intrigado”.
Redacción TV&SHOW/ Rondero’s Medios



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