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EL MISTERIO DE LA SERPIENTE

       Un macabro descubrimiento arqueológico desentierra un misterio que la Iglesia ha guardado celosamente: los cadáveres de siete frailes abandonados y torturados hasta la muerte son encontrados en una mazmorra construida en los tiempos de la Conquista y la solución del misterio se encuentra en los memoriales escritos por Motolinia y escondidos en algún lugar de El Tajín, así se perfila “El Misterio de la Serpiente” (Ediciones B, 429 páginas), reedición de la novela escrita por el jalisciense de 38 años, Antonio Guadarrama Collado, cuyas ventas rebasan los 25 mil ejemplares.

Investigador apasionado de la historia de México, Guadarrama ha publicado “Tezozómoc, el tirano olvidado”, “Balam, la senda del jaguar”, “Cuauhtli, la revelación del águila”, “La nota roja”, “Nezahualcóyotl, el despertar del coyote”, “Sueños de frontera”, “Moctezuma Xocoyotzin, entre la espada y la cruz” y “Cuitláhuac, entre la viruela y la pólvora”.

    PRUEBA DE FE     

“El misterio de la serpiente” contiene una gran cantidad de citas, notas y datos de importancia histórica, tal como lo señala su autor, “como el sermón de fray Francisco de Bustamante en contra de la Virgen de Guadalupe, la procedencia de la imagen de Guadalupe, el hecho de que Toribio de Benavente jamás tuvo contacto con un indio de nombre Juan Diego y que, por obvias razones no evangelizó ni bautizó, como dicen algunos libros católicos, y que ninguno de los frailes de la época , incluido el arzobispo fray Juan de Zumárraga, mencionan las apariciones de la Virgen de Guadalupe el misterio que se halla en los Memoriales escritos por Motolinia puede cambiar el hasta ahora conocido papel de la Iglesia durante la Conquista, mientras su revelación se hilvana peligrosamente con el milagro guadalupano y la fe que enfrentará la más dura prueba”.   

”Ahora que mi vida se extingue, me acuerdo de tantas cosas que quizá hube de olvidar en el pasado. El recuerdo de mi gente caída en las guerras contra los meshicas, y luego frente a los hombres blancos que llegaron del mar, me revuelven los malestares.

Es de pensar que este hombre viejo y acabado ha perdido la luz en sus pensamientos, que confunde las voces y caras que aparecen en su lecho de muerto; pero con recta verdad le digo al fraile, que con harta paciencia escribe lo que con dificultad voy narrando, que Tzacopontziza, mi hija hermosa, se encuentra de pie frente a mi lecho de muerte.

“En este momento no me es posible hablar pues me siento cansado. Motolinia ha advertido de mi debilidad del cuerpo y ha apagado el fuego y salido de esta pocilga mal oliente. Sólo espero poder despertar para luego continuar con el relato que los totonacos necesitamos dejara para los hijos de los hijos de nuestros hijos”.

Por Roberto Rondero / Rondero’s Medios

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