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EL PRÍNCIPE LESTAT

Me beberé de tu sangre y tú beberás de la mía. Nos conoceremos y amaremos el uno al otro, y seremos hermanos por siempre jamás. Sangre de la misma sangre”, tal es el juramento de “El príncipe Lestat” (Ediciones B, 555 páginas), la más reciente novela de Anne Rice, considerada reinventora del género vampírico, ése que atrae a tantos lectores en el mundo y que lejos de disminuir su interés, se reaviva de impactante manera.

Thriller escalofriante e hipnótico, “El príncipe Lestat” arranca donde concluía Lestat, el vampiro hace más de un cuarto de siglo, para ofrecernos un nuevo mundo de espíritus y fuerzas oscuras a partir de los personajes, leyendas y tradiciones de la Crónicas Vampíricas.

CRIATURAS EN CRISIS

El mundo de las criaturas de la noche está sumido en una crisis: los vampiros han proliferado sin control y ahora han empezado a producirse pavorosos incendios en todo el mundo. Algunos vampiros ancianos despiertan de su sueño bajo tierra y obedecen las órdenes de una Voz que los incita a quemar indiscriminadamente a los jóvenes no muertos, rebeldes que rondan por ciudades como París, Bombay, Hong Kong, Kyoto y San Francisco.

La novela de Rice se desarrolla desde Nueva York y la Costa Oeste actuales hasta el antiguo Egipto, pasando por la Cartago del siglo IV, la Roma del siglo XV y la Venecia del Renacimiento.

Los lectores se reencontrarán con personajes difíciles de olvidar como Louis de Pointe du Lac; el eternamente joven Armand, cuyo rostro recuerda el de un ángel de Boticelli; Mekare y Maharet; Pandora y Flavious; David Talbot, vampiro y guardián del secreto de la Talamasca, y Marius, el auténtico Hijo de los Milenios, así como otras nuevas y seductoras criaturas, reunidas en esta descomunal, exuberante y ambiciosa novela, para averiguar quién o qué es la Voz, y descubrir qué pretende y por qué…

…En el principio existían los espíritus. Eran seres invisibles que solo podían ver u oír los hechiceros y brujas más poderosos. A algunos se les consideraba malvados; a otros se los ensalzaba como a dioses. Eran capaces de hallar objetos perdidos, de espiar al enemigo e incluso, a veces, de modificar el clima.

“Dos grandes hechiceras, las hermanas gemelas Mekar y Maharet, vivían en un precioso valle, junto al monte Carmelo, en comunidad con los espíritus. Uno de esos espíritus, el grande y poderoso Amel, era capaz con sus malas artes de extraer sangre de los seres humanos. En pequeñas cantidades, la sangre formaba parte del misterio alquímico del espíritu, aunque nadie sabía de qué modo exactamente. Amel amaba a la bruja Mekare y siempre estaba ansioso por servirla. Ella lo veía como ninguna hechicera lo había visto; por eso la amaba.

Gracias a aquel legado, todos los bebedores de sangre del mundo supieron que compartían un vínculo, un pasado común, unas raíces idénticas. Esta es la historia de cómo es conocimiento transformó para siempre la tribu de los vampiros y cambió su destino”.

Entre los términos empleados en esta novela, “que ahora son de uso corriente entre todos los no-muertos de todo el mundo, destacan:

La Sangre.- Cuando la palabra aparece en mayúsculas se refiere a la sangre vampírica, transmitida del maestro al neófito en el curso de un intercambio profundo y con frecuencia peligroso. “En la Sangre” significa que uno es un vampiro. Lestat el vampiro llevaba más de doscientos años “en la Sangre” cuando escribió sus libros. El gran vampiro Marius lleva en la Sangre más de dos mil años. Etcétera…

Por Roberto Rondero / Rondero’s Medios

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