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LAS VIOLETAS SON FLORES DEL DESEO

…”Por mucho menos se muere”, advierte la novelista, cuentista y ensayista Ana Clavel, de 54 años, quien ha obtenido el Premio Nacional de Cuento Gilberto Owen 1991 y el Premio Juan Rulfo de Novela Corta 2005, en “Las violetas son flores del deseo” (Editorial DeBolsillo, 131 páginas), una novela en la que la autora confiesa que “Tal vez no todo se haya perdido si algunas de estas palabras encuentran un destino diferente a la hoguera; si alguien llega a conocerlas y no me condena del todo”.

En “Las violetas son flores del deseo” –con una portada reveladora- el mayor interés de Julián Mercader es crear un juguete insólito, inspirado por imágenes clavadas en su mente, que lograr dar a su deseo la forma de una Violeta, muñeca humana casi en todo, cuyo nombre es el mismo que el de su hija.

FLORECEN LAS VIOLETAS

Las Violetas empiezan a fabricarse sobre pedido y los clientes solicitan que se les dote de características que muchos llamarían, por decir lo menos, extravagantes. El éxito convierte al juguetero en blanco de una sociedad secreta, que lo cerca y pone en peligro su vida y su secreto mejor guardado.

Para Ana Clavel, esta novela “surgió de un sueño que me fue confiado”.

…”La violación comienza con la mirada. Cualquiera que se haya asomado al pozo de sus deseos, lo sabe. Como contemplar esas fotografías de muñecas torturadas, apretadas cual carne floreciente, aprisionada y dispuesta para la mirada de hombre que acecha desde la sombra.

“Quiero decir que uno puede asomarse también hacia fuera y atisbar, por ejemplo, en la fotografía de un cuerpo atado y sin rostro, una señal absoluta de reconocimiento: el señuelo que desata los deseos impensados y desanuda su fuerza de abismo insondable. Porque abrirse al deseo es una condena: tarde o temprano buscaremos saciar la sed –para unos momentos más tarde volver a padecerla-.

“Con la primera Violeta prohibida fue diferente: ésa olía como el modelo original. Un olor todavía indeciso que había percibido en la Violeta de doce años cuando me besaba para despedirse y regresar al internado del que sólo volvía como una promesa quincenal. Durante meses luché y me resistía  a hurgar entre las prendas que dejaba en el cesto de ropa sucia esos fines de semana.

“Helena nos había abandonado a los do desde el verano anterior. Inesperada, súbitamente, viviendo de lleno del lado de sus sombras. Tal vez debí escudriñar en el clóset durante meses permaneció su ropa colgada fantasmalmente. En vez de eso, me dirigí un día al baño de Violeta y ahí encontré los vestigios de su esencia resuelta en ninfa: un aroma tenue a bosque y a miel. Y entonces anticipé el sueño por el que he vivido, el recuerdo de esa herida en el que podría resumirse mi existencia”.

“He dicho que la violación comienza con la mirada. ¿Cuándo empecé yo a tortura a mis Violetas y a dejarme torturas por ellas? Los juegos de las Violetas. Aunque en un principio, sólo era Violeta. Después, no puede resistirme a la infidelidad: entre todas las fragancias elaboradas por esa mujer pródiga que siempre fue Clara, había dos esencias que, de manera singular, podían montarme y hacerme cabalgar el cuerpo cálido y embriagante del perfume de violetas…”

Por Roberto Rondero / Rondero’s Medios

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