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MUÑECAS CHINAS

Un canto a la amistad femenina, de tres para ser exactos, que entre 1938 y 1948, luchan juntas por cumplir sus sueños en el club más glamuroso de San Francisco, hasta que el ataque japonés de Pearl, tan lejos de ellas, pone en peligro sus vidas, y una traición lo cambia todo, así les ocurre a las “Muñecas chinas” (Ediciones B Novelas, 508 páginas), escrito por Lisa Lee (“El pabellón de las peonias”, “El abanico de seda”, “La telaraña china”, “La trama china”, “Dos chicas de Shangai” , “Sueños de felicidad” y “On Gold Mountain”).

La repercusión en el mundo literario de Lisa Lee se deja sentir con más fuerza en Muñecas chinas”: “Un retrato fascinante de un tiempo lleno de oportunidades y misterio (“O: The Oprah Magazine”); Muñecas chinas reflexiona sobre cuestiones siempre candentes como las posibilidades de la amistad, los profundos efectos de la traición, los horrores de los prejuicios y la naturaleza de la ambición, sobre todo femenina” (“San Francisco Chronicle”).

              LLEVADAS POR EL VIENTO

Dividio en dos partes –El Sol (Octubre de 1938-julio de 1940) y La Luna (Agosto de 1940- septiembre de 1945), en “Muñecas chinas”, Lisa Lee recurre a personajes totalmente ficticios…”Reconozco –menciona la autora- que para crear los personajes ficticios, he utilizado muchas anécdotas de personas que vivieron la época de los cabarets chinos en Norteamérica. Yo crecí oyendo historias de experiencias en los campos de internamiento de boca de amigos  familiares, pero también agradezco los extraordinarios testimonios de Janet Daijogo, Fumi Hayashi, Chizu Iiyama y Masaru Kawaguichi sobre su vida en Topaz.

“Muñecas chinas” es para Los Ángeles Times, “una historia de pasiones turbulentas, amistad, buena fortuna y mala suerte, perfidia y reconciliaciones”, mientras que para “Booklist”, “es una saga impecablemente investigada, llena de deseo y ambición, traición y venganza…Lisa See vuelve a explorar las complejidades de las amistades femeninas”.

…”Cuando llegó mi turno, entré en la caravana y cerré la puerta detrás de mí, como había visto que hacían los demás. El hombre me indicó que me sentara.

-¿Cómo te llamas?

-Grace Lee.

-¿Cuántos años tienes?

-Los bastantes para cantar y bailar –le contesté con descaro. Quería ser una estrella, así que, por muy desesperada que estuviera, tenía que actuar como tal-. Soy buena.

-Eres oriental –comentó-, y eres muy atractiva. El problema es que no tengo nada para ti.

Yo abrí mi bolso, saqué el recorte de la señorita Miller y lo empujé hacia el hombre por encima de la mesa.

-Aquí dice que necesitan figurantes para la cabalgata del Dorado Oeste.

-Ese será un gran espectáculo. Habrá ciento de figurantes. Pero no necesito a una chica oriental.

-¿Y en el pabellón japonés? –le pregunté. Vengo de muy lejos y de verdad que necesito un trabajo.

-Estamos en Depresión, niña. Todo el mundo necesita un trabajo. –Volvió a dar una ojeada a mi solicitud-. Y siento ser yo quien te lo diga, pero no eres japonesa. Grace Lee. Ese nombre es chino, ¿no?

-¿Y quién se va a enterar?…

Por Roberto Rondero / Rondero’s Medios

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