25 años sin Federico Fellini, genio del arte

ROMA.- El fallecimiento de Federico Fellini hace 25 años, tras dolorosos meses de hospitalización en una clínica de Roma, el 31 de octubre de 1993, dejó un vacío no solamente en la historia del cine, sino en una idea del arte ligada a los genios multiformes de la creación en estado puro.

A la par de talentos como Pablo Picasso, Andy Warhol o Ingmar Bergman, Fellini descolló con su estilo, el realismo fantástico, no tanto como un modo de representación cinematográfico sino como una visión del mundo, con una dimensión casi circense del set de filmación, expresión y modelo de una sociedad. Una densidad particular tuvieron sus guiones concebidos muchas veces con literatos como Ennio Flaiano, Bernardino Zapponi, Tonino Guerra y Tullio Pinelli.

Nacido en Rímini el 20 de enero de 1920 mantuvo una carrera que rozó lo onírico y la indagación junguiana de la psiquis.

El arco expresivo de Fellini recorrió desde la tierna ingenuidad de la adolescencia, a la representación de los últimos como depositarios de la felicidad, en “La Strada” (1954); de la provincia como lugar del encanto, en “I vitelloni” (1953), al monstruo de las metrópolis, en “La dolce vita” (1960); de la irrupción del inconciente, en “Ocho y medio” (1963), hasta el largo y doloroso viaje por la memoria y el arquetipo en la última parte de su carrera con obras como “Satyricon” (1969) y “Amarcord” (1973). Para llegar al canto final de la soledad de los poetas con “La voz de la Luna” filmada en 1990.

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El hilo conductor que conecta a todas estas fases expresivas es el circo como parábola de la ficción y de la representación, pero es en verdad el sueño, como espejo de la vida, el que vuelve a Fellini un artista absoluto, el único capaz de ver al mundo a través de un filtro tan personal como universal. Su impronta sobre el cine internacional resultó tan fuerte como para impulsar a una generación entera de directores estadounidenses a mirarse en su espejo y volverlo un ícono o modelo a seguir más o menos declarado. Paul Mazursky hizo de su “Alex in Wonderland” (“El mundo de Alex de 1970) una cita explícita de la relación entre vida y cine que copió de Fellini. Martin Scorsese diseñó a sus antihéroes de “Mean Streets” (“Calles salvajes”, de 1973) teniendo presente la estructura por un lado de “Los inútiles”, con el sustrato católico de la Italia provinciana y por otro, el monstruo metropolitano la “Roma” estrenada el año anterior. “Adaptation” (“El ladrón de orquídeas, de 2002) y “Quieres ser John Malkovich” (1999), de la dupla formada por Spike Jonze y Charlie Kaufman, son homenajes explícitos al surrealismo visionario que ambos directores leyeron en el imaginario felliniano, en especial en “Ocho y medio”.

Vincent Minnelli le pagó su tributo en la representación de la ciudad eterna de “Nina” (1976), mientras que Woody Allen se alineó con trabajos como “Stardust Memories” (1980) en el uso del psicoanálisis como fotografía del yo escindido y Rob Marshall en “Nine” (2009) tomó un éxito de Broadway para recrear un sueño circense a medias entre “Ocho y medio” y “Los Clowns” (1970).
 

Pero fue Bob Fosse el verdadero heredero y cómplice de Fellini más allá del Atlántico entre “Sweet Charity” (1969) que mira a “Giulietta de los espíritus” (1965), o “Cabaret” (1972) que recupera el eco de “La dolce vita” y una obra maestra como “All that Jazz” (1979), un tributo felliniano en clave musical. Como con justicia señaló acertadamente el historiador estadounidense Peter Bondanella las influencias de este tipo de cosmogonía interior también se sintieron en Europa.

Bergman más de una vez admitió mirarse en el espejo de la trayectoria, tan distinta como paralela, de su amigo Federico. Y Francois Truffaut en “Noche americana” (1973) filmó su respuesta a “Ocho y medio”, haciendo el set como simulación de la vida.

En Gran Bretaña, Fellini encontró a un intérprete personal en Peter Greenaway entre la cita en “El cocinero, el ladrón, su mujer y su amante”(1989) y el explícito homenaje de “Ocho mujeres y media” (1999). Mientras que, y no parece una paradoja, el danés Lars von Trier es quien detectó la crueldad secreta del último Fellini en su representación de un mundo en decadencia que extravió coordenadas y parece perder humanidad.

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Fellini se mantuvo cerca de Rossellini desde el comienzo del neorrealismo, pero luego se acercó a Alberto Lattuada en su debut como director de “Luces de Variedades”(1951).
Encontró en Lina Wertmuller a una compañera de camino fiel desde “Los basiliscos” que en 1963 refiere en “Los inútiles” de 10 años antes y luego en el deslumbrante realismo de “Pasqualino Siete Bellezas” (1977). Tuvo en Giuseppe Tornatore a un admirador más distanciado, aunque las semejanzas entre “Cinema Paradiso” (1988) y “Amarcord” son deseadas. Y contó con dos herederos similares y opuestos en Matteo Garrone con su nostálgica “Pinocho” en plan de rodaje y Paolo Sorrentino con “La Gran Belleza” (2013) que se manifestó explícito continuador de su modelo.

Por lo demás, Sorrentino se llena de homenajes a Fellini en “Youth” (2015) y “Loro” (2018), en la clave del realismo grotesco que caracterizó al director de “La ciudad de las mujeres” (1980).

Pero el dilema permanece sin resolverse: Fellini se puede citar, se puede ciertamente imitar, pero es casi imposible reproducirlo en su plenitud más allá del cine. Para un director “normal” no resulta fácil acercarse a un genio único y hacer propia su experiencia, más interior que estética.

Fellini fue Italia y el país se reflejó en sus sueños y sus pesadillas. Ettore Scola le hizo el más bello de los homenajes, “Qué extraño llamarse Federico” (2013), y afirmó que con su muerte se corrió un telón, a través del cual hoy solamente se filtran pálidos destellos. 

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“Roma” de Alfonso Cuarón, es su Amarcord

VENECIA.- “Roma”, película en blanco y negro del director mexicano Alfonso Cuarón, proyectada hoy en concurso en el Festival de Venecia, fue muy aplaudida al encenderse las luces de la sala, encantando y conmoviendo a crítica y público. Lo que más impresionó fue la capacidad de la trama para colocar a los espectadores dentro de la historia de esta familia que vive en Ciudad de México en 1971, para volverlos, poco a poco, como parientes y así inevitablemente sufrir y gozar con todo lo que les sucede.

Se trata, como reconoció en el Lido el propio realizador dos veces ganador del Oscar de su personalísimo “Armarcord”, de su memoria en blanco y negro, rodada con un perfecto realismo.

“El 90% de las cosas que se ven en ‘Roma’ (el título alude solamente a un barrio ‘bien’ de la capital mexicana) provienen de mi memoria. Hice una reconstrucción idéntica de la casa original en la que vivía y encontré también el 70% del mobiliario original que teníamos”, contó Cuarón. “Reconstruí después también la calle de mi infancia, mientras que el lugar de la masacre de Corpus Christi (violenta represión de 1971 con varios muertos en una protesta estudiantil) es la verdadera. Aquellos años fueron un momento que me formó, pero también un momento que transformó profundamente a mi país”, prosiguió.

RMP8_F_ACuaronC.jpg“Roma” cuenta muchas cosas a través de la historia de dos mujeres abandonadas, de clases distintas y muy alejadas, por parte de sus respectivos compañeros.

Por una parte está Cleo, la extraordinaria Yalitza Aparicio, una joven empleada doméstica mixteca seducida y dejada por su novio y, por otra, la señora Sofía, interpretada por Marina de Tavira, también abandonada por su marido Antonio (Fernando Grediaga), con el que tuvo cuatro hijos todavía adolescentes. Estas dos historias paralelas son vividas en el interior de una familia que sigue adelante, pese a todo, entre cosas no dichas, pequeñas y grandes tragedias y en la que cada uno demuestra la naturaleza de su carácter.

Cleo, de mirada dulce, tiene la desventura de haber encontrado un prometido equivocado, violento, frágil y falso, mientras que su patrona lidia con un marido desleal.

“Es todo tan natural en ‘Roma’, gracias en especial a las dos protagonistas que supieron trabajar con espontaneidad en una película filmada por partes. Los niños, por ejemplo, no sabían nada de lo que tenían que hacer de allí a un momento después, pero eran guiados por las situaciones en las que se encontraban”, explicó acerca de la dinámica del rodaje. Qué pasaría si esta película tan real sobre lo real y con una reconstrucción ambiental impresionante ganara el León de Oro? Sería la primera vez para un filme producido por Netflix, a lo que el realizador se refirió sin complejos. “No tengo el problema de Netflix, en realidad es una batalla que no entiendo. Mucha gente no tiene la posibilidad o el tiempo para ir al cine y esta plataforma te da la posibilidad de ver cine. Qué tiene esto de malo?”, expresó. Entre las muchas escenas de culto de “Roma” se destaca la que muestra a un gurú de las artes marciales que ejercita, en un día pleno de viento, a un centenar de practicantes con bastones de combate en las manos.
 “Sí, es verdad, es el mismo viento de (Federico) Fellini. En el montaje de esta escena me sugirieron, por qué no metemos un viento felliniano como fondo. Y así lo hicimos”, reconoció Cuarón.

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