LAS CUATRO ESTACIONES (I)

…”Supongo que en todas las prisiones federales y estatales de Estados Unidos hay gente como yo. Soy el tipo que lo consigue todo. Cigarrillos de encargo, una bolsita de yerba si es eso lo que te gusta, una botella de coñac para celebrar que tu hijo o hija han terminado el bachillerato, prácticamente cualquier cosa… bueno, dentro de lo razonable. No siempre fue así”, de tal manera comienza su relato Stephen King, el mediático escritor de 67 años, originario de Oregón, Estados Unidos, en “Las cuatro estaciones (I)” (Editorial Penguin Random House/ Editorial de Bolsillo, 392 páginas).

“Las cuatro estaciones” se conforma, en esta entrega, en la primavera y verano con los capítulos “Esperanza, primavera eterna (‘Rita Hayworth y la redención de Shawshank’) –de la que se trasladó al cine con la película “Sueño de fuga”, con Tim Robbins y Morgan Freeman – y “Verano de corrupción” (‘Alumno aventajado’).

Para uno de los máximos referentes del género del terror, “lo importante es el cuento, no quien lo cuenta”, y con dicho postulado King se regocija en incursionar en los niveles más profundos de la mente humana.

EL PLAN MÁS INCREÍBLE

El personaje central de “Las cuatro estaciones I” fue recluido en prisión a los 20 años y es el facilitador oficial de los internos que le solicitan de todo o casi todo, pero también es capaz de concebir el plan más increíble para lograr escapar, aunque tenga que recurrir a la mismísima Rita Hayworth… “La administración de la cárcel está al tanto del mercado negro, desde luego. De eso no hay duda. Apuesto a que saben de mi negocio casi tanto como yo mismo. Y lo toleran porque saben que una cárcel es como una olla a presión, y que en alguna parte ha de haber agüeros que dejan salir el vapor. Dan alguno que otro golpe de vez en cuando (he pasado incomunicado alguna que otra vez a lo largo de los años), pero cuando se trata de cosas como los carteles, hacen la vista gorda. Vive y deja vivir.

“Y cuando aparecía una Rita Hayworth grande en la celda de algún pobre diablo, se daba por supuesto que se la había mandado por correo un amigo o un pariente. Por supuesto, todos los paquetes de amigos o parientes se abren y su contenido se detalle en el registro, pero ¿quién va a comprobar el registro por algo tan inofensivo como una foto de Rita Hayworth o de Ava Gardner? Cuando están en una olla a presión aprendes a vivir y a dejar vivir, pues de lo contrario alguien puede hacerte una boca nueva encima de la nuez. Aprendes a ser tolerante.

“El juramento de un asesino convicto tal vez no tenga mucho valor, pero puedes creer esto: yo no miento. Andy y yo éramos bastante amigos por entonces. El tipo me fascinaba. Recordando el episodio del cartel, veo que hay algo que no he contado y que debiera hacerlo. Cinco semanas después de haber colgado en su celda el cartel de Rita (yo tenía otras negocios entre manos y había olvidado el asunto por completo), Ernie me pasó entre los barrotes de la celda una cajita blanca.

-De parte de Dufresne –me dijo en voz baja y sin alterar su ritmo con la escoba.

-Gracias, Ernie –le dije, pasándole medio paquete de Camel.

-Qué diablos será esto? Me preguntaba mientras alzaba la tapa de la cajita. En el interior había mucho algodón banco y debajo…

Por Roberto Rondero / Rondero’s Medios

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