Aeroplanos…nunca se deja de volar

¡Pausa dramática! Se da el lujo de hablarle al pública entre una escena y otra el primer actor Ignacio López Tarso en una de tantas pinceladas que ejecuta en el escenario de Aeroplanos, puesta en escena que celebró, juntas, las 400 y 500 representaciones en el Teatro San Jerónimo, bajo la dirección de Salvador Garcini y la producción de Daniel Gómez Casanova.

Con todo y que López Tarso le lleva más de diez años de vida a Manuel Loco Valdés, éste luce disminuido, sin energía, como simple comparsa de quien, como exclamó Garcini, “es un actor perfecto y maravilloso, nació para ser actor…el mejor de este país”.

Aeroplanos mueve a la reflexión sobre la soledad, la vejez y los sueños incumplidos, más por temor e inseguridades que por voluntad propia. Los amigos de toda la vida, ex futbolistas, Cristóbal (Loco Valdés) y Francisco El Patotas, sobrenombre que odia (López Tarso), rememoran tiempos idos, sólo que de diferente manera.

Cristo, como le llama Francisco, cree que ya es muy tarde para emprender el viaje que tanto anheló pero que por miedo no logró realizar, mientras que Francisco es un hombre recalcitrante, repetitivo en el hablar, necio pero convencido de sus ideas y fascinado por sus quereres, por las mujeres y por la buena vida.

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La dirección de Garcini y la producción de Daniel Gómez Casanova (a quien López Tarso lo tachó como el “único productor que tiene una verdadera vocación teatral”), le permiten a los actores despejar la pista y emprender el vuelo.

Nunca se deja de viajar y de volar en Aeroplanos, obra que prohíbe a los espectadores el aterrizaje forzoso…

Rondero’s Medios. Por Roberto Rondero / Fotos: Lourdes Córdoba

López Tarso festeja 91 años en el escenario

*Bellas Artes incumple su homenaje…

¡Cuántas ocasiones en su prolífica trayectoria artística Ignacio López Tarso ha celebrado placas de representaciones en las más de un centenar de puestas en escena en las que ha dado muestras de su calidad y talento escénico.

En su onomástico 91 lo volvió a hacer: en una función memorable con Aeroplanos, en el Teatro San Jerónimo, no se cansó de levantarse y caminar más de una treintena de ocasiones a lo largo del escenario fingiendo una cojera que amerita su personaje Francisco en la cuidada producción de Daniel Gómez Casanova, bajo la dirección de Salvador Garcini.

La ovación de pie y durante varios minutos del público fue un digno colofón a un primer actor, rodeado de su familia, de la madrina Aracely Arámbula (con quien ya prepara la obra Un Picasso),  y de un mariachi que entonó su canción preferida de José Alfredo Jiménez: El Rey.

Y si López Tarso se enseñoró de nuevo en el escenario gritando a todo pulmón la cuita de Marcel Proust: “La eternidad está en el instante en que vivimos”, el actor de Macario no se inmuta ante la indiferencia, la nefasta y  absurda burocracia de las autoridades de Bellas Artes, encabezada por María Cristina García Cepeda, y por la flamante Secretaría de Cultura, a cargo de Rafael Tovar y de Teresa, en no realizarle el tan prometido homenaje que se le haría hace más de un año.

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En vida para López Tarso… en vida.

Rondero’s Medios. Por Roberto Rondero / Fotos: Lourdes Córdoba