Salen a dar amor con su teatro

En el  Encuentro Nacional de los Amantes del Teatro

Como pocas veces sucede en el teatro infantil, actuado por niños, con esta versión de Salir al mundo estamos ante un trabajo creativo de actores: intérpretes en cabal sentido.

Se dice fácil, pero quienes nos dedicamos a estos menesteres sabemos lo que implica esa tarea. Ante ello, uno vuelve a revisar el programa y confirma que no se trata de una compañía capitalina, sino la de una ciudad del norte del país que ha sido azotada por la violencia del crimen organizado y que el centralismo cultural tiende a ignorar con regularidad.

La compañía de Teatro Infantil “Tomás Urtusástegui” de Reynosa, Tamaulipas, ha venido a ofrecernos un montaje de una obra autoría de la mexicana Berta Hiriart, que más que digno, supera cualquier expectativa de lo que el público pueda considerar “para niños”. Es una historia que habla acerca de cómo prepararse para vivir en la sociedad a través de un aventurero, y sus conmovedores personajes, y de la importancia de los referentes que habrán de moldear su vida (como sus padres).

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Debo apartar el extraordinario trabajo de Martha Valdivia, la directora de escena y de la compañía. No sólo es pulcro, brillante como pocos en su tipo, sino a todas luces especializado, ¿en qué sentido? Si la tarea de dirección requiere de talento, estudio y experiencia, la de dirigir a niños se cuece aparte.

Sobre todo si lo que se propone en escena no parte del prejuicio de tratar de discapacitados a los infantes o del reduccionismo de creer que  sus ejecutantes están limitados a interpretar. Aquí a los niños se le trata como lo que son pero los asume como entes con poder creativo. Hemos visto pasar en este Encuentro varios trabajos similares que convierten a este montaje, en una excepción a la regla.

El trabajo de Valdivia lo lleva más allá, no hubo traspié en la memoria de sus actores (que oscilan entre los 11 y los 4 años), todos están en perfil y situación dramática, no escupen texto, se nota que entienden lo que dicen y el público lo goza y celebra. Un ojo agudo es capaz de advertir que hay un TRABAJO previo, exhaustivo, paciente, constante y absolutamente amoroso de la tamaulipeca en su quehacer con cada uno de sus actores: dicción pulcra, corrección de tonos y dotado de detalles. Son conmovedores no por su cualidad de niños sino por su calidad escénica. Debo destacar el trabajo de Alondra Vega.

La puesta en escena no aborda temas sencillos, pero acude a símbolos fácilmente entendibles, y la selección musical es de buen gusto, original en la mayoría de las piezas de Michael Giacchino (el compositor de célebre animaciones como Up! y Coco), que esperemos que en su programa regular de temporada se le refiera el crédito de autoría.

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Sin duda es uno de los mejores trabajos que hemos presenciado en este XXX Encuentro Nacional. Es verdad que entre el público se encontraban familiares de los actores (quienes viajaron dieciséis horas en carretera para la presentación en Ciudad de México), pero también había público ajeno y expectante de encontrar buen teatro. Todos, de pie y con el mismo entusiasmo, dedicaron genuina ovación.

¿Qué pasaría si más teatro como este inundara las escuelas, las ciudades y las localidades rurales del país en lugar de dejar que su juventud se entregue al ocio y a los brazos del crimen? Al menos estos niños de Reynosa, demuestran que hay otro camino y están preparados para salir al mundo y entregar amor con su teatro.

Cobertura . Daniel Lares Muñoz / Fotografías: Homero Martín.

                                                   TV&SHOW / Rondero’s Medios

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TAMAULIPAS

El caso del supuesto y burdo secuestro del futbolista Alan Pulido no es un caso aislado para el periodista e investigador Humberto Padgett, de 41 años, quien en su libro “Tamaulipas” (Tendencias Crónicas, 252 páginas), deja constancia de que este “Eastern bien podría ser un thriller ficticio si no estuviera situado en uno de los estados más violentos y corruptos de México, donde muta en un documental que termina siendo una trama de terror “gore”.

Con una narración ágil, precisa, reveladora, Padgett hace un recorrido por los gobiernos corruptos y corrompidos en todos los niveles de Tamaulipas, la cuna de Juan N. Guerra y el Cártel de Matamoros, que luego devino en el Cártel del Golfo y otros grupos delictivos. Relaciones a todas luces conocidas en todos los niveles de gobierno del país, cuya peste a ilegalidad han ignorado o compartido los presidentes de la República, desde la lejana década de los treintas –en la que se trazaron las rutas de tráfico de whisky y mezcal, que sirvieron como trazo original para las nuevas rutas de tráfico de drogas, fayuca y personas-, hasta la modernas artimañas para obtener dinero sucio para las campañas políticas y mantener a salvo la vida e impunes los delitos.

…”Plata o plomo. Placa o plomo. Plaza o plomo. Tamaulipas o plomo. Durante décadas, los mexicanos hemos asistido al siempre triste y patético espectáculo de la presentación de los más consumados criminales, de los narcotraficantes sedientos de dinero y sangre que han succionado la paz de México hasta convertirlo en un cadáver con la piel pegada al hueso, tirado al lado de la carretera del desarrollo, del bienestar.

“Tamaulipas es, al igual que Guerrero, una llaga podrida, una herida de la que no sale pus y sanguaza, sino senos que amamantaron hijos, manos que acariciaron madres, sueños que quedaron enterrados bajo las piedras de quién sabe qué cerro reseco, a pocos metros del Río Bravo o del Río Grande, según el lado de la frontera en que se esté parado”…

Por Roberto Rondero/ Rondero’s Medios