Hospital Veterinario

Velar por el bienestar y la salud de los animales tiene un propósito colectivo en Hospital Veterinario, primer programa de la telera pública dedicado a crear conciencia sobre el trato digno y respetuoso hacia los animales y por la biodiversidad, en la cuarta temporada de esta serie de Canal Once, que se transmite todos los martes a las 17 horas y se retransmite los domingos a las 13 horas, bajo la conducción de Max Espejel, quien surgió de las filas de Once Niños.

Historias entrañables y el conocimiento de reservas naturales de México, con el trabajo de ambientalistas, biólogos y voluntarios para conservarlas, son algunos de los atractivos de Hospital Veterinario, que lo mismo da a conocer una asociación llamada “El santuario de los burros”, dedicada exclusivamente al  cuidado de estas criaturas, que uno de los lugares con mayor avifauna en el Océano Pacífico ubicado en el Parque Nacional Isla Isabel, en México, o que una asociación mejora la calidad de vida de personas con discapacidad a través de perros de asistencia.

Para Max Espejel, “la premisa fundamental del programa es generar conciencia en la gente –independientemente de si tiene animales o no- en torno al hecho de que compartimos este planeta con millones de especies”.

A lo largo de la emisión se darán a conocer distintos casos de animales domésticos y silvestres que han sido salvados gracias a la intervención de especialistas de diversas instituciones públicas y privadas. Se conocerá los esfuerzos para mantener la salud y el bienestar de varias especies animales y lugares de gran belleza, como el Archipiélago Revillagigedo, las Islas Marietas, la reserva del lobo gris, en La Michilia, en Durango, y la reserva de Cuatro Ciénegas, en Coahuila.

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Ver para creer. Telévoros: ¡Uníos!

Por Roberto Rondero/ Rondero’s Medios

LA INVASIÓN DE LAS RATAS

Ni como decir que no es cierto, que la vida puede ser escalofriante en ciertos lugares del Distrito Federal, de ello da cuenta Gustavo Fondevila, especializado en temas de criminología y seguridad, en su primera novela “La invasión de las ratas” (Ediciones B, 241 páginas), un retrato crudo, pero ‘hiperrealista’ de la enorme desigualdad social de una urbe que bien podría ser cualquiera del mundo.

Como un retrato “políticamente incorrecto”,” La invasión de las ratas” no admite medias tintas en la pluma de Gustavo Fondevila y a quienes deambulamos a todas horas y por gran parte de la enorme Ciudad de México nos percatamos de sus descripciones, de sus olores y, por desgracia, de sus sinsabores.

DE ESCALOFRÍO

De día, Fernando es un exitoso y adinerado ejecutivo que trabaja en uno de los barrios más elitistas del Distrito Federal. De noche, sale a cazar la plaga que no soporta, que le da asco, que odia profundamente, y que le da razones para saciar su placer: matar pobres.

…”Las tiendas y los puestos de comida emanan un olor a carne asada y a hervores grasoso, mezclados con orines. Siempre hay un olor penetrante que impregna la estación y la terminal de peseros. Por todas partes se huele el vapor de pozoles, el chirriante sonido de las fritangas y los tacos. Se come allí mismo parado al lado de la sartén. Para nos salpicarse, separan el cuerpo de la mano que sostiene el taco encuentro en sí mismo y apretado hacia un costado de la boca.

“Sobre platos de plástico de colores que nadie lava y sobre una hoja de papel en blanco demasiado vasta para ser una servilla. Todavía no es la hora en la que cierran, cuando las mujeres de delantales de rayas de colores abrochados a la espalda tiran las aguas turbias de los baldes en el borde de la banqueta y se forma un vapor horrendo que sube a las narices de inmediato y contamina todo. Los hombres barren las banquetas negras de grasa y restos de comida y basura hacia la calle donde los peseros las aplastan formando capas de comida hedionda y maloliente. Es el momento en que las aguas que corren por el bordillo de la acera se vuelven verdes o negras y tan densas que apenas se mueven. Algunos va n a las alcantarillar para volcar sus baldes. El resto no se molesta y lo tira en el mismo lugar. Con agua repasan las mesas donde han trabajado durante todo el día”.

Sin moralismos ni medias tintas, Fondevila provoca que en su primera novela se sientan “sus olores y ruidos, que las ratas están entrando en los cuartos vecinos: “Ahora ve con claridad a un hombre que se mete dentro del contenedor más cercano. Da la vuelta con la camioneta y baja por una pequeña rampa. Es un espacio amplio lleno de contenedores de basura. Dos están colocados al borde la ruta misma para las personas que llevan las bolsas de basura en sus maleteros y se estacionan brevemente para dejarla o bien, aquellos que la llevan encima del cofre y la tiran con fuerza por encima del auto para que caiga cerca del contenedor sin necesidad de detenerse.

“Pero bajando por la rampa hay una hilera, hay una hilera de cinco contenedores a la derecha y la misma cantidad a la izquierda. Es el basurero del pueblo. Antonio detiene la camioneta y apaga el motor. Está estacionado en el centro de las dos hileras. Un grupo de indigentes sentados con las espaldas apoyadas en uno de los contenedores lo mira por unos minutos. Antonio no se mueve y no se puede ver el interior de la camioneta.

“Enseguida siguen comiendo los desperdicios que encontraron. La luna ilumina todo el lugar y le da un aspecto fantasmagórico. Los espectros se mueven entre las sombras, las ratas y los perros. Un horrible aquelarre bajo la luna. Un ejército de menesterosos viviendo en un mar de basura…”

Por Roberto Rondero / Rondero’s Medios

 

LA ISLA DE SHAPU

No sólo motiva a los niños a la lectura, sino que “La isla de Shapu” (Editorial Montena, 165 páginas) aborda el sinuoso tráfico de animales, las especies en extinción que cazadores furtivos, de “cuello blanco”, insisten en desaparecer ante la mirada de propios y extraños, de gobiernos pasmados que no reaccionan ante tal daño irreversible.

En “La isla de Shapu”, Lourdes Urrea mantiene la premisa de que “algunos secretos no deberían ser revelados”, pues lo que comienza como unas felices vacaciones en África, pronto se convierte en una aventura que involucra a una red de traficantes de animales y a una “extinta” tribu de sanguinarios cazadores, cuyo descubrimiento puede cambiar el rumbo de la historia.

   THRILLER PARA NIÑOS

Julia, la hija del famoso arqueólogo David Evaristo está más que nerviosa cuando aborda, en compañía de su tía Clara, un avión que la llevará a África. Ahí su padre realiza una expedición cuyos resultados podrían conducirlo hasta los restos de la primera tribu de la historia de la humanidad.

Su padre no llega por ella y de la desilusión pasa a la angustia al percatarse que ha desaparecido de la manera más extraña.

-¿Cómo que papá ha desaparecido? –repitió Julia con voz quebrada-. Si hablamos con él…tú y yo hablamos con él, dijo que nos vería pronto. ¿Qué pasó Derek?

Sentados alrededor de la fogata, el cazador hacía su mejor esfuerzo para explicarle a Julia acerca de lo ocurrido a su padre.

-Encontramos el campamento aasado, ha hemos limpiado un poco…No tuvimos duda de que… -Derek hizo una pausa y reconsideró lo que iba a decir-. David no estaba solo: Mobutu Gana estaba con él. Es uno de sus mejores aprendices y un buen rastreador. Lo que sea que haya atacado al campamento, debe haber sido hace poco.

“Ayer, cuando llegamos, las piedras de la fogata todavía estaban tibias. De inmediato trazamos un plan de búsqueda por el lado norte de la isla, pero no encontramos ningún rastro. Decidimos que hoy haríamos un segundo intento por el lado sur. Estábamos buscando cuando me encontré con ustedes”…

Psicóloga y maestra de profesión, Lourdes Urrea ha sabido llevar de la mano a los lectores a través de páginas llenas de suspenso aventura y diversión, con un mensaje de vida positivo. Sus textos han sido usados en aulas escolares y talleres de literatura, y muchos de ellos forman parte de los acervos de las bibliotecas más reconocidas del mundo.

…”De manera brutal, los cuatro cazadores kabomo arrastraron a Kika con ellos al interior de la selva. Todos sabía cuál sería su destino, lo habían elegido por ser el más fuerte. Las lágrimas nublaron los ojos de Zöe, la sensación de impotencia casi le impedía respirar. Los minutos parecían horas, el sol los estaba deshidratando y les quemaba la piel…

Por Roberto Rondero / Rondero’s Medios